Aburre, que giren y giren la noria,
quizás hoy quieres demostrarle
al amante, al amigo, a la novia,
piensas algo engreído
que después de veinte vueltas,
trescientos ya te han leído
que al fin has tocado la gloria.
¡Ah! Que egregios estos rapsodas
conquistan el Parnaso a diario,
¡ Ah ! que elegantes poetas,
¡Oh ¡ que eruditos estetas,
¡ Ah ! que vates tan excelsos,
capaces de vivir para sus versos.
Al final han conseguido
que los lectores de poesía,
que no montan en la noria
se aprendan sus poemas :
a la fuerza y de memoria.
Dejen el camino expedito
a la ilusión de los bardos
que tímidos son incapaces
de dar una vuelta a la noria,
que orgullosos de ver aquí
colgadas sus cuartetas
no ansían aún la gloria.
Esos ripios que formaban
un modesto poemilla,
bautizado mi ombligo
veo que pocos lo han leído
y menos aún lo han entendido.
Quizás debía el que suscribe
hacer como la abeja que liba
de la flor en primavera,
y no dar la lata cada día
como una mosca cojonera.
Pero al que poco discurre
y repite cada día su poema,
al final le sucede lo mismo
que al que cada día come tarta,
el primer día está muy rica,
el segundo día esta buena
y el tercero ya harta.
Mil perdones, el ánimo no es ofender
es solo que no empachen.
quizás hoy quieres demostrarle
al amante, al amigo, a la novia,
piensas algo engreído
que después de veinte vueltas,
trescientos ya te han leído
que al fin has tocado la gloria.
¡Ah! Que egregios estos rapsodas
conquistan el Parnaso a diario,
¡ Ah ! que elegantes poetas,
¡Oh ¡ que eruditos estetas,
¡ Ah ! que vates tan excelsos,
capaces de vivir para sus versos.
Al final han conseguido
que los lectores de poesía,
que no montan en la noria
se aprendan sus poemas :
a la fuerza y de memoria.
Dejen el camino expedito
a la ilusión de los bardos
que tímidos son incapaces
de dar una vuelta a la noria,
que orgullosos de ver aquí
colgadas sus cuartetas
no ansían aún la gloria.
Esos ripios que formaban
un modesto poemilla,
bautizado mi ombligo
veo que pocos lo han leído
y menos aún lo han entendido.
Quizás debía el que suscribe
hacer como la abeja que liba
de la flor en primavera,
y no dar la lata cada día
como una mosca cojonera.
Pero al que poco discurre
y repite cada día su poema,
al final le sucede lo mismo
que al que cada día come tarta,
el primer día está muy rica,
el segundo día esta buena
y el tercero ya harta.
Mil perdones, el ánimo no es ofender
es solo que no empachen.