Cómo puede el poeta ser ajeno,
a la palabra que fluye por tu boca.
Cómo puede aquel que domina el sustantivo,
predicar en vano su derrota.
Permanecerá altivo de alegría,
procurando aquel amor perdido, una mañana,
a la vuelta de la esquina sin quererlo,
los amores que se pierden en batalla.
Lucharé hasta la muerte por tus besos,
que prometiste aquella madrugada.
Qué más da amada mía si mi vida,
ya no es una poesía derramada.
Pobre el poeta que llora por sus versos.
¡Ay! de aquel que juró por Dios enamorarte.
Ahora veo en el árbol hojas muertas.
Y la tinta de mi pluma evaporarse.
a la palabra que fluye por tu boca.
Cómo puede aquel que domina el sustantivo,
predicar en vano su derrota.
Permanecerá altivo de alegría,
procurando aquel amor perdido, una mañana,
a la vuelta de la esquina sin quererlo,
los amores que se pierden en batalla.
Lucharé hasta la muerte por tus besos,
que prometiste aquella madrugada.
Qué más da amada mía si mi vida,
ya no es una poesía derramada.
Pobre el poeta que llora por sus versos.
¡Ay! de aquel que juró por Dios enamorarte.
Ahora veo en el árbol hojas muertas.
Y la tinta de mi pluma evaporarse.
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