Heriberto Bravo
Poeta recién llegado
Tan expuesto a la vida como a la muerte,
tan indefenso siempre, tan indefenso,
está el bebé soñando dentro del vientre,
está el bebé deseando su nacimiento.
Todavía sus ojos están cerrados
y sueña en ver los ojos de quien lo lleva.
Sus bracitos ya se abren como ensayando
un abrazo a su madre tan pronto pueda...
El niño ya sonríe cuando en las tardes,
tras los frágiles muros que lo resguardan,
puede escuchar los cantos con que su madre
inquietudes aleja, tristes, de su alma.
Sus piernitas se mueven y patalea;
para expresar su dicha no halla otra forma;
la mujer enmudece...quieta se queda
y palpándose el vientre, suspira...y llora.
Vuelan entre las flores las mariposas.
Se ha marchado el Invierno. Todo el paisaje
va cobrando colores. Las aves gozan;
dondequiera la vida brota y renace.
El bebito orgulloso flota confiado
en el ambiente acuoso que es su terreno.
El cordón de su ombligo es como un lazo
con el que a veces juega. ¡Es un travieso!
Su manita levanta y en su boquita
se chupa luego el dedo. Hace un mal gesto.
De aquel líquido opaco donde se asila,
su primer trago amargo lo deja tenso.
El corazón del niño sigue latiendo.
Sueña el bebé que sueña... sigue soñando...
mas, repentinamente despierta preso
de un insólito miedo. Pasa algo raro.
Algo extraño percibe... paralizado,
como si sus sentidos agudizara,
se queda inmóvil, busca qué está pasando
fuera de aquel cubículo que lo resguarda
Una manguera horrible, devoradora,
ae abre paso serpeando por las paredes
del uterino cuello y hasta que toca
a la amniótica bolsa, no se detiene.
La presión negativa rompe la bolsa;
destruye la membrana do' el niño flota
y toda el agua aquella sale de borda
como si se cavara profunda fosa...
El niño en ese instante con fuerte grito
rompe a llorar con llanto desesperado;
es un llanto profuso que nadie quiso
escuchar. ¡Es un llanto nunca escuchado!
Inicia giros rápidos cual tratando
de escapar de ese objeto que lo amenaza,
que quiere destruirlo. Los aparatos
detectan aquel grito que nadie capta.
Gesticula el pequeño con dramatismo;
tal vez busque palabras, pida socorro,
mas, como son palabras que no ha aprendido,
él llama a su mamita de todos modos.
Con bruscos movimientos quiere escaparse;
en su inaudible grito se le ha quedado
la boca bien abierta...;pero no sabe
qué hacer y crece el ritmo, ritmo cardiaco.
Se convulsiona inerme. Sigue tratando
con sus minadas fuerzas de protegerse
y evitar de aquel tubo todo contacto.
Su espacio es reducido. Ya más no puede.
El agresor le lleva las de ganar.
La punta de succión, como sanguijuela,
se adhiere a su piernita sin vacilar,
y la saja de un tajo. Se oye honda queja...
El bebé mutilado sigue moviéndose.
Cada vez son más torpes sus movimientos.
Cada vez más los cielos estremeciéndose.
¡CADA VEZ SON MÁS TRISTES MIS PENSAMIENTOS...!
Su mismo medio ambiente se pone en contra,
pues antes era líquido y ahora seco.
La infame aspiradora vuelve y lo toca
buscando a ciegas, quiere cesarlo presto.
Le da lo mismo un brazo que la otra pierna
o el tronco. Para el crimen no hay un proceso
de selección. En eso no hay quien pretenda
una escala jerárquica, no. ¡Nada de eso!
El bebé continúa llora que llora
aterrado, indefenso frente a la muerte...
¡Qué a destiempo ha llegado su postrer hora!
¡Qué fácil lo abandonan ante su suerte!
¡Qué agonia tan cruenta e impresionante!
Reincidente aquel tubo vuelve y lo atrapa
y esta vez a un bracito, lo mismo que antes,
se prende del bebito y se lo arranca.
El se niega a morir. Descoyuntado
se sigue sacudiendo con macilentos
estertores postreros. Instinto vano,
pues nadie ante la muerte tiene argumentos.
La manguera succiona el tronco blando
arrancando aquel cuerpo de la cabeza.
Lo logra al fin...¡ya todo ha terminado...!
La cabeza no cabe por la manguera.
El criminal perito mete los fórceps
de pólipo en el vientre con displicencia;
el cráneo del bebé lo aplasta entonces
y lo extrae con ciega indiferencia.
Los restos son sacados con esa asepsia
propia de los que ocultan con gran detalle
el cuerpo del delito, no su conciencia,
porque aquí la conciencia se fue a la calle.
El recipiente oscuro de la manguera
succionadora, acaba ya de llenarse
con los restos de sangre, de sangre nueva,
con fragmentos de hueso...de hueso y sangre...
Heriberto Bravo Bravo
tan indefenso siempre, tan indefenso,
está el bebé soñando dentro del vientre,
está el bebé deseando su nacimiento.
Todavía sus ojos están cerrados
y sueña en ver los ojos de quien lo lleva.
Sus bracitos ya se abren como ensayando
un abrazo a su madre tan pronto pueda...
El niño ya sonríe cuando en las tardes,
tras los frágiles muros que lo resguardan,
puede escuchar los cantos con que su madre
inquietudes aleja, tristes, de su alma.
Sus piernitas se mueven y patalea;
para expresar su dicha no halla otra forma;
la mujer enmudece...quieta se queda
y palpándose el vientre, suspira...y llora.
Vuelan entre las flores las mariposas.
Se ha marchado el Invierno. Todo el paisaje
va cobrando colores. Las aves gozan;
dondequiera la vida brota y renace.
El bebito orgulloso flota confiado
en el ambiente acuoso que es su terreno.
El cordón de su ombligo es como un lazo
con el que a veces juega. ¡Es un travieso!
Su manita levanta y en su boquita
se chupa luego el dedo. Hace un mal gesto.
De aquel líquido opaco donde se asila,
su primer trago amargo lo deja tenso.
El corazón del niño sigue latiendo.
Sueña el bebé que sueña... sigue soñando...
mas, repentinamente despierta preso
de un insólito miedo. Pasa algo raro.
Algo extraño percibe... paralizado,
como si sus sentidos agudizara,
se queda inmóvil, busca qué está pasando
fuera de aquel cubículo que lo resguarda
Una manguera horrible, devoradora,
ae abre paso serpeando por las paredes
del uterino cuello y hasta que toca
a la amniótica bolsa, no se detiene.
La presión negativa rompe la bolsa;
destruye la membrana do' el niño flota
y toda el agua aquella sale de borda
como si se cavara profunda fosa...
El niño en ese instante con fuerte grito
rompe a llorar con llanto desesperado;
es un llanto profuso que nadie quiso
escuchar. ¡Es un llanto nunca escuchado!
Inicia giros rápidos cual tratando
de escapar de ese objeto que lo amenaza,
que quiere destruirlo. Los aparatos
detectan aquel grito que nadie capta.
Gesticula el pequeño con dramatismo;
tal vez busque palabras, pida socorro,
mas, como son palabras que no ha aprendido,
él llama a su mamita de todos modos.
Con bruscos movimientos quiere escaparse;
en su inaudible grito se le ha quedado
la boca bien abierta...;pero no sabe
qué hacer y crece el ritmo, ritmo cardiaco.
Se convulsiona inerme. Sigue tratando
con sus minadas fuerzas de protegerse
y evitar de aquel tubo todo contacto.
Su espacio es reducido. Ya más no puede.
El agresor le lleva las de ganar.
La punta de succión, como sanguijuela,
se adhiere a su piernita sin vacilar,
y la saja de un tajo. Se oye honda queja...
El bebé mutilado sigue moviéndose.
Cada vez son más torpes sus movimientos.
Cada vez más los cielos estremeciéndose.
¡CADA VEZ SON MÁS TRISTES MIS PENSAMIENTOS...!
Su mismo medio ambiente se pone en contra,
pues antes era líquido y ahora seco.
La infame aspiradora vuelve y lo toca
buscando a ciegas, quiere cesarlo presto.
Le da lo mismo un brazo que la otra pierna
o el tronco. Para el crimen no hay un proceso
de selección. En eso no hay quien pretenda
una escala jerárquica, no. ¡Nada de eso!
El bebé continúa llora que llora
aterrado, indefenso frente a la muerte...
¡Qué a destiempo ha llegado su postrer hora!
¡Qué fácil lo abandonan ante su suerte!
¡Qué agonia tan cruenta e impresionante!
Reincidente aquel tubo vuelve y lo atrapa
y esta vez a un bracito, lo mismo que antes,
se prende del bebito y se lo arranca.
El se niega a morir. Descoyuntado
se sigue sacudiendo con macilentos
estertores postreros. Instinto vano,
pues nadie ante la muerte tiene argumentos.
La manguera succiona el tronco blando
arrancando aquel cuerpo de la cabeza.
Lo logra al fin...¡ya todo ha terminado...!
La cabeza no cabe por la manguera.
El criminal perito mete los fórceps
de pólipo en el vientre con displicencia;
el cráneo del bebé lo aplasta entonces
y lo extrae con ciega indiferencia.
Los restos son sacados con esa asepsia
propia de los que ocultan con gran detalle
el cuerpo del delito, no su conciencia,
porque aquí la conciencia se fue a la calle.
El recipiente oscuro de la manguera
succionadora, acaba ya de llenarse
con los restos de sangre, de sangre nueva,
con fragmentos de hueso...de hueso y sangre...
Heriberto Bravo Bravo