Domingo Aranda
Poeta recién llegado
Ardor y luz feroz cuando avasalla
tu resplandor el tálamo incompleto,
buscando el corazón más indiscreto,
pero furioso y cierto tras tu malla.
¿Cómo crispas tu incendio sin muralla
a sazón de lo gélido y lo escueto?
Basta raspar tu voz bajo un boceto,
en el instante mismo en que te estalla
la fibra, la columa y la tormenta.
Si fueras clara espina de zafiro,
ni la saliente incluso más violenta
en ti se anidaría con respiro,
pues eres el temblor que se alimenta,
con el penar, el gozo y el suspiro.
tu resplandor el tálamo incompleto,
buscando el corazón más indiscreto,
pero furioso y cierto tras tu malla.
¿Cómo crispas tu incendio sin muralla
a sazón de lo gélido y lo escueto?
Basta raspar tu voz bajo un boceto,
en el instante mismo en que te estalla
la fibra, la columa y la tormenta.
Si fueras clara espina de zafiro,
ni la saliente incluso más violenta
en ti se anidaría con respiro,
pues eres el temblor que se alimenta,
con el penar, el gozo y el suspiro.