_SEBASTIEN_
Poeta fiel al portal
Adiós Musa.
Oh Silencios, oh rumores de la noche benévola, espíritus,
vean a nuestra Musa solitaria en un bajío peligroso,
entregada en los brazos del océano sensual.
Ved a la diosa que nutria con miradas blancas, hermosas,
el amanecer dorado de las montañas majestuosas,
levitando entre la niebla de la llanura infinita.
Ella muere entre los extraños bajíos del mar,
sonríe mientras en sus mejillas resbalan tres lágrimas de sal,
recojo tembloroso sus miradas en mis ojos, y lloro
al son de los tambores que se lamentan y truenan.
Ella ha muerto y la llanura lo sabe con certeza,
se estremecen los suelos y aulla el vendaval,
el río se ha secado y convertido en pena y luto,
los búfalos no comen y mueren sin luchar...
Mi pueblo ha perdido a la Diosa del Mar,
la lloran los tambores en triste frenesí,
gritan sin esperar respuesta ni compasión,
gritan el dolor de la desaparición, gritan por el fin...
El fin de los amaneceres dorados, de las noches
calientes, el fin de las cacerías ruidosas entre
risas y cantos, el fin de una rosa en los cabellos
de una Datoka Uri... el fin de mi pueblo entre
truenos y pies blancos...
Muere nuestra Diosa extendiendo las manos,
hacia el cielo y el río, la luna y el bosque,
la miro llorando su amargo y frío destino,
sus plumas de cóndor caen de su corona,
y las pieles de chacal se hunden ya en el mar...
Ella nos abandona...
Sebastian Nocturne
Oh Silencios, oh rumores de la noche benévola, espíritus,
vean a nuestra Musa solitaria en un bajío peligroso,
entregada en los brazos del océano sensual.
Ved a la diosa que nutria con miradas blancas, hermosas,
el amanecer dorado de las montañas majestuosas,
levitando entre la niebla de la llanura infinita.
Ella muere entre los extraños bajíos del mar,
sonríe mientras en sus mejillas resbalan tres lágrimas de sal,
recojo tembloroso sus miradas en mis ojos, y lloro
al son de los tambores que se lamentan y truenan.
Ella ha muerto y la llanura lo sabe con certeza,
se estremecen los suelos y aulla el vendaval,
el río se ha secado y convertido en pena y luto,
los búfalos no comen y mueren sin luchar...
Mi pueblo ha perdido a la Diosa del Mar,
la lloran los tambores en triste frenesí,
gritan sin esperar respuesta ni compasión,
gritan el dolor de la desaparición, gritan por el fin...
El fin de los amaneceres dorados, de las noches
calientes, el fin de las cacerías ruidosas entre
risas y cantos, el fin de una rosa en los cabellos
de una Datoka Uri... el fin de mi pueblo entre
truenos y pies blancos...
Muere nuestra Diosa extendiendo las manos,
hacia el cielo y el río, la luna y el bosque,
la miro llorando su amargo y frío destino,
sus plumas de cóndor caen de su corona,
y las pieles de chacal se hunden ya en el mar...
Ella nos abandona...
Sebastian Nocturne
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