Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Poeta,
vistes con clámides tus poemas inacabados.
Releyéndolos, te reúnes con ellos en un tiempo barroco entre tus ojos.
Las palomas de la poesía descansan en tu hombro, y no sabes.
Tienes hambre de más palabras humectadas.
Amas entender el desafío de las flores cuando gimen.
La sombra del abedul que te nombra desde lejos, escribirla quieres.
Afuera llueve, todavía no percibes qué textos explica el agua
en los pergaminos de la tierra.
Poeta amiga,
disimulas delante del almácigo de papel,
llegas a la nariz del más alto nido de leche en un papel con natrón.
Masticas las palabras en tu boca y buscas el éxtasis entre tus dientes.
Zigzagueante, descuelgas siete memorias entre los ochenta capítulos
que guardas en las pelusas dormidas de tus manos.
No encuentras los verbos que abandonaste entre claraboyas.
Tienes que afeitarte las piernas con el afilado borde de un artilugio, así lo piensas para entre tu boato disiparte.
Encallan tus frases como menta entre tu aliento.
No existen senderos que escurran por las montañas.
Pegar el amor a trocitos, colocar pestañas amarillas al sol, sin esfuerzo, en medio de tu bruxismo pretendes.
Poeta amiga, vamos,
Rompe la cajita, recuerda que hallar es mejor, tus yemas llevan la búsqueda inscrita.
Encuentra el olor a humillo de los viejos trenes de caramelo.
Que su estremecimiento acerque otras palabras a tus dedos.
Que nunca puedan desbandársete las vocales importantes, pusilánimemente deseas.
Teclea que la escritura es luz y su lectura despertares, te digo.
No seas pazguato, no veas el amor como las tripas de un gato atropellado.
Ni ningún miedo tengas entre la arboleda de palabras, porque ninguna palabra rompe el lenguaje.
Poeta amiga, vamos, podemos,
Dar testimonio de la luciérnaga desde el árbol mismo de la noche.
Dormir en los rincones de tu boca un temporal de luna.
Estrenar un nuevo cuerpo de saltimbanqui y dejar de masticar más peces.
Abracadabra, puedo desclávate los clavos de tus manos,
porque ni toda caricia es vana, ni las sembradas estepas del folio son embelesada carne.
Poeta amiga, vamos, podemos, continuemos,
despertaremos para que no nos sorprenda la aurora en mitad del aljibe de la garganta.
Sellaremos las grietas del amanecer con miradas contraídas como espuma de cerveza.
Porque no debes esconderte autárquica tras lo seco.
El silencio está cansado de escoltar a una muerta.
Cautivo corcel de los mutismos domesticados, deberemos electrizar más tus verbos.
Sal de tu azotea hacia el latir de la lluvia.
Las calles huelen a leña,
y dicen de los paisajes blancos que cuan muertos necesitan piedad.
Sal a encontrar un altar con ramos de manos inmoladas de sal,
el paisaje de los muros del folio no es más que un cascabel del lenguaje.
...
..
.
Jesús Soriano
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Poeta,
vistes con clámides tus poemas inacabados.
Releyéndolos, te reúnes con ellos en un tiempo barroco entre tus ojos.
Las palomas de la poesía descansan en tu hombro, y no sabes.
Tienes hambre de más palabras humectadas.
Amas entender el desafío de las flores cuando gimen.
La sombra del abedul que te nombra desde lejos, escribirla quieres.
Afuera llueve, todavía no percibes qué textos explica el agua
en los pergaminos de la tierra.
Poeta amiga,
disimulas delante del almácigo de papel,
llegas a la nariz del más alto nido de leche en un papel con natrón.
Masticas las palabras en tu boca y buscas el éxtasis entre tus dientes.
Zigzagueante, descuelgas siete memorias entre los ochenta capítulos
que guardas en las pelusas dormidas de tus manos.
No encuentras los verbos que abandonaste entre claraboyas.
Tienes que afeitarte las piernas con el afilado borde de un artilugio, así lo piensas para entre tu boato disiparte.
Encallan tus frases como menta entre tu aliento.
No existen senderos que escurran por las montañas.
Pegar el amor a trocitos, colocar pestañas amarillas al sol, sin esfuerzo, en medio de tu bruxismo pretendes.
Poeta amiga, vamos,
Rompe la cajita, recuerda que hallar es mejor, tus yemas llevan la búsqueda inscrita.
Encuentra el olor a humillo de los viejos trenes de caramelo.
Que su estremecimiento acerque otras palabras a tus dedos.
Que nunca puedan desbandársete las vocales importantes, pusilánimemente deseas.
Teclea que la escritura es luz y su lectura despertares, te digo.
No seas pazguato, no veas el amor como las tripas de un gato atropellado.
Ni ningún miedo tengas entre la arboleda de palabras, porque ninguna palabra rompe el lenguaje.
Poeta amiga, vamos, podemos,
Dar testimonio de la luciérnaga desde el árbol mismo de la noche.
Dormir en los rincones de tu boca un temporal de luna.
Estrenar un nuevo cuerpo de saltimbanqui y dejar de masticar más peces.
Abracadabra, puedo desclávate los clavos de tus manos,
porque ni toda caricia es vana, ni las sembradas estepas del folio son embelesada carne.
Poeta amiga, vamos, podemos, continuemos,
despertaremos para que no nos sorprenda la aurora en mitad del aljibe de la garganta.
Sellaremos las grietas del amanecer con miradas contraídas como espuma de cerveza.
Porque no debes esconderte autárquica tras lo seco.
El silencio está cansado de escoltar a una muerta.
Cautivo corcel de los mutismos domesticados, deberemos electrizar más tus verbos.
Sal de tu azotea hacia el latir de la lluvia.
Las calles huelen a leña,
y dicen de los paisajes blancos que cuan muertos necesitan piedad.
Sal a encontrar un altar con ramos de manos inmoladas de sal,
el paisaje de los muros del folio no es más que un cascabel del lenguaje.
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Jesús Soriano
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