Elisalle
Poetisa
POETACOJA (Esto me resultó Prosa y hasta verso)
¿Camino? ¿Cómo camino? Me avergüenza decir pero ya no es como antes y cuando me acuerdo me corre un juguito tibio, salado que nace en la frente, resbala por mi cara y afluenta en mi boca, si me toco el pelo, también está mojado. TENGO MIEDO y no puedo arrancar de ellos porque no corro como antes. ¿Cómo hago? Lo que pasa es que a ratos me olvido porque paso mucho tiempo en cama, a mí misma me engaño porque acostada no me doy cuenta que ahora soy coja. Los doctores no diagnostican porque pasó de repente -no son adivinos tampoco- y hago eco de mis propias palabras: La vida es impredecible ¿Por qué escribiría aquello? Pero les cuento que sigo poniéndome tacos y intento hacer algunos pasos del baile que practico y resulta, pero me vienen vaídos, pierdo equilibrio, aunque todavía no me voy al piso. Igual me da pena, harta pena me da, si hasta tengo ganas de llorar. ¿Qué importa si uso tacos o no, total ya sé que si un hombre me ve así no me invitará a ninguna parte, menos a bailar? Ya no quiero ir de tiendas ¿A quién importa cómo luzca una coja? Para algunos que se han sentidos reyes alguna vez o más de alguna vez es mucho peor aceptar estos cambios. Me dicen que me haga cariñitos con la Cédula pero no -graciositos- hay muchos mayores, bien mayores que yo y no sufren de nada, al menos no son cojos. Dar consejos y tratar de consolar es facilito pero cuando se vive en la realidad misma se comprende que no somos reyes de nada, ni más que nadie tampoco, nos damos cuenta que en verdad solo somos "los demás de los demás", que llega un tiempo en que la vanidad termina y quién sabe si es para siempre. Otra vez me vienen ganas de llorar: poetacoja, poetacoja, poetacoja, poetacoja, la elisalle es coja ¡Ya!
Margarita
31/03/2013
¿Camino? ¿Cómo camino? Me avergüenza decir pero ya no es como antes y cuando me acuerdo me corre un juguito tibio, salado que nace en la frente, resbala por mi cara y afluenta en mi boca, si me toco el pelo, también está mojado. TENGO MIEDO y no puedo arrancar de ellos porque no corro como antes. ¿Cómo hago? Lo que pasa es que a ratos me olvido porque paso mucho tiempo en cama, a mí misma me engaño porque acostada no me doy cuenta que ahora soy coja. Los doctores no diagnostican porque pasó de repente -no son adivinos tampoco- y hago eco de mis propias palabras: La vida es impredecible ¿Por qué escribiría aquello? Pero les cuento que sigo poniéndome tacos y intento hacer algunos pasos del baile que practico y resulta, pero me vienen vaídos, pierdo equilibrio, aunque todavía no me voy al piso. Igual me da pena, harta pena me da, si hasta tengo ganas de llorar. ¿Qué importa si uso tacos o no, total ya sé que si un hombre me ve así no me invitará a ninguna parte, menos a bailar? Ya no quiero ir de tiendas ¿A quién importa cómo luzca una coja? Para algunos que se han sentidos reyes alguna vez o más de alguna vez es mucho peor aceptar estos cambios. Me dicen que me haga cariñitos con la Cédula pero no -graciositos- hay muchos mayores, bien mayores que yo y no sufren de nada, al menos no son cojos. Dar consejos y tratar de consolar es facilito pero cuando se vive en la realidad misma se comprende que no somos reyes de nada, ni más que nadie tampoco, nos damos cuenta que en verdad solo somos "los demás de los demás", que llega un tiempo en que la vanidad termina y quién sabe si es para siempre. Otra vez me vienen ganas de llorar: poetacoja, poetacoja, poetacoja, poetacoja, la elisalle es coja ¡Ya!
Margarita
31/03/2013