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Poetas en Fuga

rudyvaldenegro

Poeta recién llegado
POETAS EN FUGA

Julio sabía dejar esa fragancia sobrecogedora, arrolladora en las flores húmedas de invierno, y agosto que sobrevolaba en su llegada parecía que, de pronto, descendería a la ciudad a sellar un pacto de amor con la tierra.

Por la mañana se deslizaba un pálido viento alborotando las hojas de los árboles de las avenidas, llamando a los balcones de las casas coloniales de la Avenida Gran Bretaña que perduran aún en el tiempo conservando un matiz renovador de lo contemporáneo.


Aglomeraciones súbitas de estudiantes acosaban las calles. Albergaban los lugares un cierto letargo placentero que encendía la embriaguez lírica a través del misterio y belleza de sus residencias. Frecuentemente observaba el desarrollo de los meses perecederos que, de modo paulatino, cambiaban la fisonomía del entorno.

En la ingente coagulación de los días recuerdo a John O´nel cuando un impulso inacabable nos hacía cómplices en fuga de algún horario estudiantil. Con igual sigilo con que se filtra la luz en los tragaluces solíamos, a mediados de primavera, establecernos en la Biblioteca Rotaria a leer literatura clásica, filosofía y libros, en general, que proyectaban mundos equidistantes en el intervalo de ambas vidas.

De manera que eran frecuentes los paseos largos en el esoterismo de nuestras tardes, a medida que la preocupación por la elocuencia escrita derramábase en su apogeo interno considerando las obras mayores que podían encontrarse, al mismo tiempo, fecundadoras y taciturnas, impregnándonos de sus formas altamente expresivas.


Había en el ambiente un sol negro, inadvertido, mujeres preñadas rondando los aposentos vacíos como en espera de algo, alguien que jamás llegaría, candelabros, cubiertos alrededor de silenciosas cenas familiares, miradas ocultas a través de los visillos, ancianos en mecedoras, historias de fantasmas y de crímenes, un hálito lírico, por sobre todas las cosas, que a ratos erosionaba su poesía ardiendo de delirios frente a una que otra tumba del cementerio donde declamábamos de pie, frente a desconocidos difuntos.
 
POETAS EN FUGA

Julio sabía dejar esa fragancia sobrecogedora, arrolladora en las flores húmedas de invierno, y agosto que sobrevolaba en su llegada parecía que, de pronto, descendería a la ciudad a sellar un pacto de amor con la tierra.

Por la mañana se deslizaba un pálido viento alborotando las hojas de los árboles de las avenidas, llamando a los balcones de las casas coloniales de la Avenida Gran Bretaña que perduran aún en el tiempo conservando un matiz renovador de lo contemporáneo.


Aglomeraciones súbitas de estudiantes acosaban las calles. Albergaban los lugares un cierto letargo placentero que encendía la embriaguez lírica a través del misterio y belleza de sus residencias. Frecuentemente observaba el desarrollo de los meses perecederos que, de modo paulatino, cambiaban la fisonomía del entorno.

En la ingente coagulación de los días recuerdo a John O´nel cuando un impulso inacabable nos hacía cómplices en fuga de algún horario estudiantil. Con igual sigilo con que se filtra la luz en los tragaluces solíamos, a mediados de primavera, establecernos en la Biblioteca Rotaria a leer literatura clásica, filosofía y libros, en general, que proyectaban mundos equidistantes en el intervalo de ambas vidas.

De manera que eran frecuentes los paseos largos en el esoterismo de nuestras tardes, a medida que la preocupación por la elocuencia escrita derramábase en su apogeo interno considerando las obras mayores que podían encontrarse, al mismo tiempo, fecundadoras y taciturnas, impregnándonos de sus formas altamente expresivas.


Había en el ambiente un sol negro, inadvertido, mujeres preñadas rondando los aposentos vacíos como en espera de algo, alguien que jamás llegaría, candelabros, cubiertos alrededor de silenciosas cenas familiares, miradas ocultas a través de los visillos, ancianos en mecedoras, historias de fantasmas y de crímenes, un hálito lírico, por sobre todas las cosas, que a ratos erosionaba su poesía ardiendo de delirios frente a una que otra tumba del cementerio donde declamábamos de pie, frente a desconocidos difuntos.

rudyvaldenegro
Es una prosa que engancha al lector, es Ser surrealista se sumerge en el pasado y repasa vivídamente épocas juveniles al tacto de los cuales se reaniman las sombras de esos aposentos vacíos, esplendorosos.
Felicitaciones por estas letras.
Mis estrellas y saludos
Ana
 
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Prosa del MES

(Seleccionada por la administración entre las propuestas remitidas por moderadores y/o usuarios)
Muchas FELICIDADES
MUNDOPOESIA.COM
 
Quiero agradecerles este reconocimiento y destacar la importancia que tiene este portal literario para el desarrollo de la creatividad. Muchas gracias
 

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