Marco Rosmarine
Poeta recién llegado
Sueño invernal de un árbol,
demostración de que la poesía también duerme.
La inspiración se aletarga
en pupas de dorada esperanza; que no verde.
Que no crece.
Que no avanza, sino para.
Te volverán las alas
a la primavera que más gustes:
llena de frío y mantas,
plena de sol y playa.
A donde un manantial de árboles
se tornen tinta;
pluma que encuadre el cielo
de nubes blancas.
Sumisa conciencia que cantas:
la holística creación, siempre,
todo lo engrana.
La tierra del suelo que ando.
La sombra a que pertenezco,
efecto de un sol que de su propia sombra es causa.
Y una mañana me temo desprovisto
Absurdo de un alba que acompaña.
Desatendido, como flor morada
que abandonan las hojas de las Jacarandas.
En el olvido gravitatorio de la ausencia.
Soy todo un cuerpo de nada fuera.
Derríteme, invierno.
Sabes que has de helarme, verano.
El otoño destruirá la poesía.
La dejará dormida en su lecho caduco
de caduca sombra.
demostración de que la poesía también duerme.
La inspiración se aletarga
en pupas de dorada esperanza; que no verde.
Que no crece.
Que no avanza, sino para.
Te volverán las alas
a la primavera que más gustes:
llena de frío y mantas,
plena de sol y playa.
A donde un manantial de árboles
se tornen tinta;
pluma que encuadre el cielo
de nubes blancas.
Sumisa conciencia que cantas:
la holística creación, siempre,
todo lo engrana.
La tierra del suelo que ando.
La sombra a que pertenezco,
efecto de un sol que de su propia sombra es causa.
Y una mañana me temo desprovisto
Absurdo de un alba que acompaña.
Desatendido, como flor morada
que abandonan las hojas de las Jacarandas.
En el olvido gravitatorio de la ausencia.
Soy todo un cuerpo de nada fuera.
Derríteme, invierno.
Sabes que has de helarme, verano.
El otoño destruirá la poesía.
La dejará dormida en su lecho caduco
de caduca sombra.
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