Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
No llegaran a viejo mis huesos.Todos los temores de este hombre
arropados en la fría y pétrea almohada.
La pausa fútil de la realidad
convulsiona sus colmillos de luz
en la pantalla.
Agitados latidos desbocados hacia la nada.
¡Exiguo mortal! Ínfima mueca humana.
Has confrontado la frigidez de la realidad mezquina
bailoteando las ingratas horas frente al fiambre
de tus fétidas huellas.
La penosa mirada de la Parca, pretende robar en mí,
la insolente sonrisa, violentando con sus garras
de mis pulmones la última gota de hiel y vida.
Más me impongo y declaro, con la misma satisfacción
que me dio la dulce y torpe anarquía de lo vivido;
No me hincó, ni beso la garra del Ángel caído,
ni la plumífera angelical criatura de azulados cielos,
el haz de la bestia, sajará de un tajo mi último aliento,
arrepentimiento o perdón, no atinarán en mí
cuando vomite mis últimos reniegos, sin teatro, pena o gloria,
pues cansado estoy de las errantes horas que pronostican
un fin que no llega.
No inquiero, ni por un implícito momento,
absolución por mis penas,
ni la irónica risa, ni una farisaico sollozo,
ni la marca de la bestia, o la cruz, en mis tácitos recuerdos,
pretendiendo con ellos, apaciguar los miedos frente al ocaso
de mis latidos.
Morir no busco en este momento,
pero no clamo ni reclamo el cobarde indulto,
sorbí de la vida, lo amargo y delicioso de las penas,
comí de la mesa los desperdicios humanos,
los vicios adornaron mi plato y calmaron la sed de mis garras,
no lamento caminos andados, promesas de amor incumplidas,
orgasmos olvidados frente a cuerpos saciados de olvido.
Tomé, con autoridad de irreverente criatura perfecta, lo que era mío,
sin pedir tregua, o descanso por los abusos de la carne o
la insatisfacción de lo oscuro en mis noches de ronda.
Los que pretendieron guiar mis pasos, con promesas de avernos
o paraísos celestiales,
perdidos en mis desolados tiempos quedaron,
la vida no fue pena, ni gloria, más bien puta vida.
Vida, vivida al máximo y sus extremos.
Si el final de mí tiempo ha llegado,
descansarán mis alas sobre el mismo inclemente tiempo
en que no pedí y viví, la desolación en la calma
batiendo los últimos suspiros en la perenne nada yo quiero.
Histérica la tecnología marcando desquiciados latidos
que mueren en la nada;
sacude la penosa realidad lo que mortal en mí ha sido
más, lo único que me mantiene y sostiene en este limbo
es mi eterna y dulce soberbia de criatura efímera
ante las puertas del averno que no clamo pero no rehuyó.
Descasar solamente quiero
El miedo, insignificante estado humano
es y será para después de muerto.
Que no digan que no viví por cobardía ante el mismo miedo.
Clavé mis inquisidores colmillos sobre el preciado cuello
de la vida y succioné sin miedo hasta la última gota
para hundirme en el revuelo misterioso del caos en el climático silencio.
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