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Políticamente amor

Alas de marioneta

Poeta asiduo al portal
Llamabas anarquismo a mi forma de despertar en tu cama

justo antes de broncearme con tus sueños mi piel,

pero no había discurso, ni debate, no había nada,

nada más que ese momento de volarme entre tu espalda y la pared.


Te levantabas sin protegerte los pies, abandonadas la almohada

y como si no supieras que seguías pisando el cielo, preparabas un café.

Llamabas matriarcado a ese femenino en bandeja de tostada y mermelada,

pero en el primer beso, perdías los papeles con los que me podías convencer.


Me sentaba en tus "te quiero", te quería cada vez más cada mañana

y al salir, juntos de la mano, parecía que nadie nos podía ver.

Bailábamos un cuento perfecto. Yo, tu galleta de jengibre, tú mi hada

y la realidad, esas páginas mal escritas que nunca quisimos leer.


A un lado la humanidad pisando el suelo como sin ganas,

nadie un primer paso, todos un podemos, pero nadie un querer.

Nadie que quisiera cambiar la historia, nadie que nos ayudara,

nadie más que tú y yo y de nuevo, otro nuevo atardecer.


Compramos la cena, un par de proyectos, dos ideas y una manzana,

la solidaridad de compartir el peso de una bolsa grande de papel

y un envase al vacío por si nos sobra algún abrazo para mañana,

que es jueves, hay mercado y se lo podemos regalar a un sueño que encontremos vestido de piel.​
 
Última edición:
Llamabas anarquismo a mi forma de despertar en tu cama

justo antes de broncearme con tus sueños mi piel,

pero no había discurso, ni debate, no había nada,

nada más que ese momento de volarme entre tu espalda y la pared.


Te levantabas sin protegerte los pies, abandonadas la almohada

y como si no supieras que seguías pisando el cielo, preparabas un café.

Llamabas matriarcado a ese femenino en bandeja de tostada y mermelada,

pero en el primer beso, perdías los papeles con los que me podías convencer.


Me sentaba en tus "te quiero", te quería cada vez más cada mañana

y al salir, juntos de la mano, parecía que nadie nos podía ver.

Bailábamos un cuento perfecto. Yo, tu galleta de jengibre, tú mi hada

y la realidad, esas páginas mal escritas que nunca quisimos leer.


A un lado la humanidad pisando el suelo como sin ganas,

nadie un primer paso, todos un podemos, pero nadie un querer.

Nadie que quisiera cambiar la historia, nadie que nos ayudara,

nadie más que tú y yo y de nuevo, otro nuevo atardecer.


Compramos la cena, un par de proyectos, dos ideas y una manzana,

la solidaridad de compartir el peso de una bolsa grande de papel.

Y un envase al vacío por si nos sobra algún abrazo para mañana,

que es jueves, hay mercado y se lo podemos regalar a un sueño que encontremos vestido de piel.​
Ya el primer verso anticipaba todo lo bueno que se venía.
Un saludo.
 

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