E
eunice salvaje
Invitado
Sopla el viento en la llanura celestial,
doblando las ramas del árbol de mi juventud.
Mañana terminan mis años mozos,
o será que prematuramente terminaron,
en una mente envejecida en el dolor
y en la excesiva preocupación.
Desperté y la juventud había terminado,
y yo nunca fui joven, ni siquiera un año,
porque tenía demasiada responsabilidad
sobre mis hombros encorvados.
¡Lo que pesan los complejos!
Los traumas pesan más que los años
y uno que se fue a la guerra
sin más armas que los dientitos chatos
y las uñas pelonas de tanto mordérselas.
Entonces la juventud
se va rápido cuando no la vives,
no quedan recuerdos bonitos,
apenas, un suspiro que atraviesa la garganta
cómo un cuchillito de palo;
que cuando respiras duele siempre poquito,
poquito adentro,
poquito sobre los hombros de piedra,
hombros que supieron lo que era el peso de la miseria,
manos que querían hacer arte,
pero sólo removieron maleza,
manos que querían pinceles
y tuvieron sólo instrumentos de limpieza,
mente que quería poblarse,
pero sólo logró sobrevivir,
que ya es ganancia
en un mundo de insania y perdición.
Quiero que en mi madurez se me cumpla
el deseo que no pude en la juventud,
una segunda oportunidad para vivir quiero,
para sentir en mis manos el arte y la escultura,
para ver mis sueños resurgir de la basura,
y danzar entre un viento renovado.
Danzar entre los vientos quiero;
ser arte, arte soy, arte quiero.
Quiero ser un libro,
quiero ser la danza y la pintura,
el canto de los sueños que ayer silenciaron
mis años de “cordura”,
y que me llamen arte y que este
por siempre reine en mí.
Ser arte por amor al arte y la locura.
Eunice Salvaje
31 de agosto de 2020
doblando las ramas del árbol de mi juventud.
Mañana terminan mis años mozos,
o será que prematuramente terminaron,
en una mente envejecida en el dolor
y en la excesiva preocupación.
Desperté y la juventud había terminado,
y yo nunca fui joven, ni siquiera un año,
porque tenía demasiada responsabilidad
sobre mis hombros encorvados.
¡Lo que pesan los complejos!
Los traumas pesan más que los años
y uno que se fue a la guerra
sin más armas que los dientitos chatos
y las uñas pelonas de tanto mordérselas.
Entonces la juventud
se va rápido cuando no la vives,
no quedan recuerdos bonitos,
apenas, un suspiro que atraviesa la garganta
cómo un cuchillito de palo;
que cuando respiras duele siempre poquito,
poquito adentro,
poquito sobre los hombros de piedra,
hombros que supieron lo que era el peso de la miseria,
manos que querían hacer arte,
pero sólo removieron maleza,
manos que querían pinceles
y tuvieron sólo instrumentos de limpieza,
mente que quería poblarse,
pero sólo logró sobrevivir,
que ya es ganancia
en un mundo de insania y perdición.
Quiero que en mi madurez se me cumpla
el deseo que no pude en la juventud,
una segunda oportunidad para vivir quiero,
para sentir en mis manos el arte y la escultura,
para ver mis sueños resurgir de la basura,
y danzar entre un viento renovado.
Danzar entre los vientos quiero;
ser arte, arte soy, arte quiero.
Quiero ser un libro,
quiero ser la danza y la pintura,
el canto de los sueños que ayer silenciaron
mis años de “cordura”,
y que me llamen arte y que este
por siempre reine en mí.
Ser arte por amor al arte y la locura.
Eunice Salvaje
31 de agosto de 2020
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