SanBlasfemo
Poeta asiduo al portal
POR AUTE Y POR TI
De alguna manera tendré que olvidarte.
Pedí cita en el cirujano, me extirpó
la región encefálica que alberga
la memoria.
Pero bueno!, en qué ubicación
quedaste? Todavía así te recuerdo.
Será posible. Lo es. Doy fe.
Un amigo poeta me dijo,
ella está en tu corazón.
Ni corto y perezoso ni rastro,
venga: Sr. cirujano, esto, eh,
soy yo de nuevo. Qué desea?
En fin, la deseo a ella,
pero visto lo que ya no veré,
extírpeme el corazón, gracias por
anticipado. Antes, saber usted
debiera, perderá la vida. Bueno,
ya total
Me dejé la piel y su contenido
en la mesa camilla bajo una luz
blanca que quemó menos, bastante
menos: el marrón marronísimo
de los tus cristales ojos o faros.
Ya fantasma vagué por la tierra.
París me moló un huevo, el otro
lo dejé en La Argentina, revuelto
con setas y un billete hacia Venecia.
Tengo los discos de todos tus cantantes
preferidos porque tú eres mi favorita.
Tomo clases de timbal y hago malabares
con las palabras a ver si de una vez te
enteras de que los objetos que manejo
son los ratos buenos que tuvimos, tú y yo.
Tú y yo, tú y yo, tú y yo, tú y yo, tú y yo,
no me canso de decirlo
pero mira que eres y estás guapa. Parece
mentira que no sepas, y eres inteligente,
mucho, y amable o digna de amar,
que un hombre solo, una mujer,
así tomados de uno en uno no son
nada. Qué me gustan tus fotos en
bikini, me bebí la piscina de tu pueblo,
después regoldé. Estas palabras
desatinadas, vaya si lo sé ya,
las escribo pensando en ti, ti, ti.
Ele, así fue. Sigamos: ya fantasma
vi de nuevo a mi amigo poeta
metido a predicador en la Gran
Vía, ozú, arte puro, voz tronante.
Los transeúntes tapaban sus oídos
con bolsos, manos y, al loro, pesadas
maletas como de trayecto eterno.
Me dijo: ella no está en el corazón.
Mira tú que listo, a buenas horas,
a mi ya no me queda ni una. Eh,
no te entregues a la ira. Tengo
la solución. Habla, verdugo, habla.
Ella está en tu alma. ¿A ver
de qué manera me lo monto
para hacer desaparecer mi alma?
Con menos pudor que peso en
kilogramos, me presenté ante la presencia
más sagradamente cósmica y me senté
a su izquierda. Oye, viejo, ¿podrías
quitar de en medio mi alma? Osado,
cabrón. Me dijo. Me toque la frente.
Tiene usted razón, ando bien de
cornamenta. Joden pero curten,
le espeté a Él. Y sin responder,
desapareció Él mi alma. Ya no soy,
es todo cuanto tengo que decir:
ya no soy. Joe, Maika, no tienes
vergüenza. Ves lo que me has hecho.
Pues claro que no lo ves! Como ya no
soy.
Sólo por la libertad se puede y se debe
aventurar la vida, afirma Cervantes.
Yo conforme: otra libertad no conozco
que la de estar preso en ti de por vida.
Aunque tus dientes sean los de tu padre
y, como los de él, se irán antes que tú,
esos dientes suicidas, desaparecerán,
qué pasa? Nada. Yo te compro una
dentadura, a condición pueda yo
lamerla a diario con una frecuencia
centenares de veces al día no, más,
más todavía. Más toda la vida, la vida.
Maika, amiga.
[...]
Ya publicado en poemas espirituales. Pero a vosotros seguro que os va a gustar más.
De alguna manera tendré que olvidarte.
Pedí cita en el cirujano, me extirpó
la región encefálica que alberga
la memoria.
Pero bueno!, en qué ubicación
quedaste? Todavía así te recuerdo.
Será posible. Lo es. Doy fe.
Un amigo poeta me dijo,
ella está en tu corazón.
Ni corto y perezoso ni rastro,
venga: Sr. cirujano, esto, eh,
soy yo de nuevo. Qué desea?
En fin, la deseo a ella,
pero visto lo que ya no veré,
extírpeme el corazón, gracias por
anticipado. Antes, saber usted
debiera, perderá la vida. Bueno,
ya total
Me dejé la piel y su contenido
en la mesa camilla bajo una luz
blanca que quemó menos, bastante
menos: el marrón marronísimo
de los tus cristales ojos o faros.
Ya fantasma vagué por la tierra.
París me moló un huevo, el otro
lo dejé en La Argentina, revuelto
con setas y un billete hacia Venecia.
Tengo los discos de todos tus cantantes
preferidos porque tú eres mi favorita.
Tomo clases de timbal y hago malabares
con las palabras a ver si de una vez te
enteras de que los objetos que manejo
son los ratos buenos que tuvimos, tú y yo.
Tú y yo, tú y yo, tú y yo, tú y yo, tú y yo,
no me canso de decirlo
pero mira que eres y estás guapa. Parece
mentira que no sepas, y eres inteligente,
mucho, y amable o digna de amar,
que un hombre solo, una mujer,
así tomados de uno en uno no son
nada. Qué me gustan tus fotos en
bikini, me bebí la piscina de tu pueblo,
después regoldé. Estas palabras
desatinadas, vaya si lo sé ya,
las escribo pensando en ti, ti, ti.
Ele, así fue. Sigamos: ya fantasma
vi de nuevo a mi amigo poeta
metido a predicador en la Gran
Vía, ozú, arte puro, voz tronante.
Los transeúntes tapaban sus oídos
con bolsos, manos y, al loro, pesadas
maletas como de trayecto eterno.
Me dijo: ella no está en el corazón.
Mira tú que listo, a buenas horas,
a mi ya no me queda ni una. Eh,
no te entregues a la ira. Tengo
la solución. Habla, verdugo, habla.
Ella está en tu alma. ¿A ver
de qué manera me lo monto
para hacer desaparecer mi alma?
Con menos pudor que peso en
kilogramos, me presenté ante la presencia
más sagradamente cósmica y me senté
a su izquierda. Oye, viejo, ¿podrías
quitar de en medio mi alma? Osado,
cabrón. Me dijo. Me toque la frente.
Tiene usted razón, ando bien de
cornamenta. Joden pero curten,
le espeté a Él. Y sin responder,
desapareció Él mi alma. Ya no soy,
es todo cuanto tengo que decir:
ya no soy. Joe, Maika, no tienes
vergüenza. Ves lo que me has hecho.
Pues claro que no lo ves! Como ya no
soy.
Sólo por la libertad se puede y se debe
aventurar la vida, afirma Cervantes.
Yo conforme: otra libertad no conozco
que la de estar preso en ti de por vida.
Aunque tus dientes sean los de tu padre
y, como los de él, se irán antes que tú,
esos dientes suicidas, desaparecerán,
qué pasa? Nada. Yo te compro una
dentadura, a condición pueda yo
lamerla a diario con una frecuencia
centenares de veces al día no, más,
más todavía. Más toda la vida, la vida.
Maika, amiga.
[...]
Ya publicado en poemas espirituales. Pero a vosotros seguro que os va a gustar más.