Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ella, que me visita de madrugada
Aún cuando está en mi sueño toda la noche,
Ella, que en un ataque de belleza
Se ha tumbado en mi cabeza y mi piel.
Ha herido de celos al diablo,
Que mala suerte ha tenido
Al tener que acostumbrarse
A que sus labios no la besen,
Y al hecho de que sus abrazos
No abracen a los suyos
Sino que cobijan a los míos.
Ella, aún de pleno día
Creo que fue un día domingo,
Cuando su cuerpo aún de niña
Me hizo enamorarme de ella.
Iluminó todo a mi lado y habló sólo para mí,
Entró y pasó corriendo sin pedir permiso
Frente a mis ojos
Que la siguieron hasta perderse entre la multitud
Junto a la columna azul que hoy pinto de gris.
Su voz heló todo mi cuerpo
Su cintura cegó mi vista
Y la boca de fresa con la que hablaba
Me hizo pensar
Qué dulce que es la vida.
De madrugada sueño que baja hasta mi lecho
Conjura algún hechizo
Y se abraza fuerte a mí,
Susurra algo en mis oídos
Le oigo decir nuestros nombres
Y me duerme su respiro.
La muerte es tan eterna
Que no tengo prisa de morir,
Mejor me recuesto a su cuerpo
Y luego la ayudo con mis brazos a dormir.
Aprendí a creer que Dios existe
Cuando su cuerpo cruzó junto a mí,
Le escribí mil cartas que nunca me atreví a decir,
Le mandé un par de saludos que ella nunca recibió.
Tiene un nombre de ángel
Que hace juego con su forma de ser para mí,
Tiene una sonrisa que envidia Blanca Nieves
Y un coche de rocío que desea la Cenicienta.
Ella es mi amor,
Por la que me animé a decir "te amo",
Y aprendí a decirlo con el corazón.
Aún cuando está en mi sueño toda la noche,
Ella, que en un ataque de belleza
Se ha tumbado en mi cabeza y mi piel.
Ha herido de celos al diablo,
Que mala suerte ha tenido
Al tener que acostumbrarse
A que sus labios no la besen,
Y al hecho de que sus abrazos
No abracen a los suyos
Sino que cobijan a los míos.
Ella, aún de pleno día
Creo que fue un día domingo,
Cuando su cuerpo aún de niña
Me hizo enamorarme de ella.
Iluminó todo a mi lado y habló sólo para mí,
Entró y pasó corriendo sin pedir permiso
Frente a mis ojos
Que la siguieron hasta perderse entre la multitud
Junto a la columna azul que hoy pinto de gris.
Su voz heló todo mi cuerpo
Su cintura cegó mi vista
Y la boca de fresa con la que hablaba
Me hizo pensar
Qué dulce que es la vida.
De madrugada sueño que baja hasta mi lecho
Conjura algún hechizo
Y se abraza fuerte a mí,
Susurra algo en mis oídos
Le oigo decir nuestros nombres
Y me duerme su respiro.
La muerte es tan eterna
Que no tengo prisa de morir,
Mejor me recuesto a su cuerpo
Y luego la ayudo con mis brazos a dormir.
Aprendí a creer que Dios existe
Cuando su cuerpo cruzó junto a mí,
Le escribí mil cartas que nunca me atreví a decir,
Le mandé un par de saludos que ella nunca recibió.
Tiene un nombre de ángel
Que hace juego con su forma de ser para mí,
Tiene una sonrisa que envidia Blanca Nieves
Y un coche de rocío que desea la Cenicienta.
Ella es mi amor,
Por la que me animé a decir "te amo",
Y aprendí a decirlo con el corazón.
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