Alex Courant
Poeta adicto al portal
¿Qué pundonor, espejo de las flores,
encerraba tu rostro siendo niña
que al primer beso, con la sal del llanto,
anegaste a mis labios de agua tibia?
¿Qué placer y qué goce en tu mirada,
donde soñaba reflejar mis ojos,
fundiendo en uno solo cuerpo y alma
en el perfil solemne de los novios?
Los dos partimos por distintas sendas,
yo a la mar, tú a la faz de otro paraje;
siempre sostuve tu recuerdo vivo
entre las olas cual farol brillante.
Ladino y caprichoso es el azar
que ha traído mis pasos hacia el suelo
donde nació y murió nuestra ventura
como el fragor de un rayo en el silencio.
Bajo las calles que han perdido el nombre,
el polvo es polvo en su inclemente prisa,
sobre las sordas horas del reloj
pasan las noches, noches infinitas.
Me alejo caminando sin destino
En el puerto los barcos han zarpado.
Tu imagen que deslava y borra el viento
huye lejos, muy lejos de mis brazos.
encerraba tu rostro siendo niña
que al primer beso, con la sal del llanto,
anegaste a mis labios de agua tibia?
¿Qué placer y qué goce en tu mirada,
donde soñaba reflejar mis ojos,
fundiendo en uno solo cuerpo y alma
en el perfil solemne de los novios?
Los dos partimos por distintas sendas,
yo a la mar, tú a la faz de otro paraje;
siempre sostuve tu recuerdo vivo
entre las olas cual farol brillante.
Ladino y caprichoso es el azar
que ha traído mis pasos hacia el suelo
donde nació y murió nuestra ventura
como el fragor de un rayo en el silencio.
Bajo las calles que han perdido el nombre,
el polvo es polvo en su inclemente prisa,
sobre las sordas horas del reloj
pasan las noches, noches infinitas.
Me alejo caminando sin destino
En el puerto los barcos han zarpado.
Tu imagen que deslava y borra el viento
huye lejos, muy lejos de mis brazos.