Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Luz que nacida
tocaste el origen inmaculado,
que nada pudo alterar
tu esencia dormida,
recoge en tu levedad de alas
mi labilidad suicida.
Relégame en esa acción obrera
que despoja las simientes,
clavo a clavo en el ardoroso acero
de mi fe encendida.
Por ti descifro el afanoso destino.
Disemino lo que es mío:
las manos deslizadas
sobre el silencio leve
que gravaron su piel en el perfume
extendido y desolado.
Por ella llegarán mis manos.
Por ella las luces velan
atestiguando su exactitud,
su semblante cálido
que libera su esencia
cual fugaz simetría uniformada
a la tácita belleza.
Por ella volverán los jardines
crecerá una multitud esplendorosa
en su perfil de imagen vertida,
por ella la luz que habita
y adoctrina toda incongruencia.
tocaste el origen inmaculado,
que nada pudo alterar
tu esencia dormida,
recoge en tu levedad de alas
mi labilidad suicida.
Relégame en esa acción obrera
que despoja las simientes,
clavo a clavo en el ardoroso acero
de mi fe encendida.
Por ti descifro el afanoso destino.
Disemino lo que es mío:
las manos deslizadas
sobre el silencio leve
que gravaron su piel en el perfume
extendido y desolado.
Por ella llegarán mis manos.
Por ella las luces velan
atestiguando su exactitud,
su semblante cálido
que libera su esencia
cual fugaz simetría uniformada
a la tácita belleza.
Por ella volverán los jardines
crecerá una multitud esplendorosa
en su perfil de imagen vertida,
por ella la luz que habita
y adoctrina toda incongruencia.
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