Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Eso es,
gran embustero, gran embaucador, permítenos tener, tu don de soñador,
oscuro regente de la luz oscura,
déjanos tener ceremonias de clausura, con la gente, con los hombres, con los niños, o las niñas, y abuelitas, con ese dolor, con esa saña,
con la maña de los malos, permítenos hablar con nuestro peor lado,
y esclarecer pensamientos de leso malo lado,
en fín, permítenos seguir creyendo en la maldad, en esa certera maldad humana,
para no caer en el fantasma de la ilusión de bondad,
esa que nos venden dese más arriba, no,
déjanos pelear,
y sufrir,
y en virtud llorar, es mejor así porque después del eterno llanto quizás llegue el bienestar,
ese otro malestar, el otro azúcar que no corroe por dentro,
y la hiel,
y la miel,
y el despliegue contínuo de masas encefálicas informes y molestas,
manchas de lujo en manteles de pura lana virgen, sín mácula, o sea, sin la exquisita perversión de ese malestar que viene luego, cuando llega la conciencia,
y la culpa,
y nada nos exculpa,
por favor,
tenga piedad, tenga pasión, tenga mucha compasión, que de algún modo no es provisión de pasión sino algo distinto,
algo que proviene más bien del instinto,
y déjenos rezar mientras tocamos los cuerpos que no quieren ser tocados, pero que sí,
lo piden,
lo miden,
lo entibian,
lo ablandan,
lo llenan de deseo,
por favor.
gran embustero, gran embaucador, permítenos tener, tu don de soñador,
oscuro regente de la luz oscura,
déjanos tener ceremonias de clausura, con la gente, con los hombres, con los niños, o las niñas, y abuelitas, con ese dolor, con esa saña,
con la maña de los malos, permítenos hablar con nuestro peor lado,
y esclarecer pensamientos de leso malo lado,
en fín, permítenos seguir creyendo en la maldad, en esa certera maldad humana,
para no caer en el fantasma de la ilusión de bondad,
esa que nos venden dese más arriba, no,
déjanos pelear,
y sufrir,
y en virtud llorar, es mejor así porque después del eterno llanto quizás llegue el bienestar,
ese otro malestar, el otro azúcar que no corroe por dentro,
y la hiel,
y la miel,
y el despliegue contínuo de masas encefálicas informes y molestas,
manchas de lujo en manteles de pura lana virgen, sín mácula, o sea, sin la exquisita perversión de ese malestar que viene luego, cuando llega la conciencia,
y la culpa,
y nada nos exculpa,
por favor,
tenga piedad, tenga pasión, tenga mucha compasión, que de algún modo no es provisión de pasión sino algo distinto,
algo que proviene más bien del instinto,
y déjenos rezar mientras tocamos los cuerpos que no quieren ser tocados, pero que sí,
lo piden,
lo miden,
lo entibian,
lo ablandan,
lo llenan de deseo,
por favor.