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Por gustar de lucirse bajo el foco-dos sonetos intertextualizando a Quevedo

jmacgar

Poeta veterano en el portal
Estos dos sonetos están inspirados en el de Quevedo que podrán leer más abajo y que comienza: ”Si el mundo amaneciera cuerdo un día…”; espero que esta vez no se me atribuya plagio como hizo algún lector la última vez que quise hacer un homenaje a este que es uno de mis clásicos favoritos; aceptaría, eso sí, que se dijera que he intertextualizado un poco ese soneto del maestro y es que esa fue mi intención.


Por gustar de lucirse bajo el foco (I)

Ora en cuevas de Alibabá escondidas,
ora en escaparates de joyeros,
te las venden por bienes duraderos
mas te esquilman si un poco te descuidas.

Mentidos émulos que son de Midas
muestran oros y piedras los plateros,
vacían a quien pueden monederos
y con su seducción arruinan vidas.

Para el que vende obsequios para el ego
de quien gusta lucirse bajo el foco
siempre es el necio una fácil presa.

En este mundo, que razona poco,
al hombre lo deslumbra el fatuo fuego
y por minucias pierde la cabeza.

------------------

Por gustar de lucirse bajo el foco ( II)

Son embaucados con quincallerías
los fatuos que enceguecen con plateros;
¡Oh cómo brillan en estanterías
las alhajas que muestran los joyeros!

Encandilados con las pedrerías
tornan en humo, incautos, sus dineros
y, seducidos, pagan a venteros
por mor de hacerse con las fruslerías.

En este mundo vil hay mucho loco
al que el fulgor de la sortija embriaga
por gustar de lucirse bajo el foco.

Daré un consejo cuerdo: si te halaga
exhibirte ¡cuidado! pues a poco
que te descuides fundirás la paga.
-----------------
Este es el soneto de Quevedo:

Si el mundo amaneciera cuerdo un día,
pobres anochecieran los plateros,
que las guijas nos venden por luceros
y, en migajas de luz, jigote al día.

La vidriosa y breve hipocresía
del Oriente nos truecan a dineros;
conócelos, Licino, por pedreros,
pues el caudal los siente artillería.

Si la verdad los cuenta, son muy pocos
los cuerdos que en la Corte no se estragan,
si ardiente el diamantón los hace cocos.

Advierte cuerdo, si a tu bolsa amagan,
que hay locos que echan cantos, y otros locos
que recogen los cantos y los pagan.


Francisco de Quevedo.
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Última edición:
Ambos sonetos son encantadores. Por suerte me gustan más las flores que cualquier otro adorno. Saludos, Juan Ramón.

Haces muy bien en preferir las flores a las joyas, Mayemay; en mi opinión eso dice muy bien de ti.

Gracias de verdad por tu pronta visita y comentario.

Te mando un afectuoso saludo, estimada poeta.
 
Estos dos sonetos están inspirados en el de Quevedo que podrán leer más abajo y que comienza: ”Si el mundo amaneciera cuerdo un día…”; espero que esta vez no se me atribuya plagio como hizo algún lector la última vez que quise hacer un homenaje a este que es uno de mis clásicos favoritos; aceptaría, eso sí, que se dijera que he intertextualizado un poco ese soneto del maestro y es que esa fue mi intención.


Por gustar de lucirse bajo el foco (I)

Ora en cuevas de Alibabá escondidas,
ora en escaparates de joyeros,
te las venden por bienes duraderos
mas te esquilman si un poco te descuidas.

Mentidos émulos que son de Midas
muestran oros y piedras los plateros,
vacían a quien pueden monederos
y con su seducción arruinan vidas.

Para el que vende obsequios para el ego
de quien gusta lucirse bajo el foco
siempre es el necio una fácil presa.

En este mundo, que razona poco,
al hombre lo deslumbra el fatuo fuego
y por minucias pierde la cabeza.

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Por gustar de lucirse bajo el foco ( II)

Son embaucados con quincallerías
los fatuos que enceguecen con plateros;
¡Oh cómo brillan en estanterías
las alhajas que muestran los joyeros!

Encandilados con las pedrerías
tornan en humo, incautos, sus dineros
y, seducidos, pagan a venteros
por mor de hacerse con las fruslerías.

En este mundo vil hay mucho loco
al que el fulgor de la sortija embriaga
por gustar de lucirse bajo el foco.

Daré un consejo cuerdo: si te halaga
exhibirte ¡cuidado! pues a poco
que te descuides fundirás la paga.
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Este es el soneto de Quevedo:

Si el mundo amaneciera cuerdo un día,
pobres anochecieran los plateros,
que las guijas nos venden por luceros
y, en migajas de luz, jigote al día.

La vidriosa y breve hipocresía
del Oriente nos truecan a dineros;
conócelos, Licino, por pedreros,
pues el caudal los siente artillería.

Si la verdad los cuenta, son muy pocos
los cuerdos que en la Corte no se estragan,
si ardiente el diamantón los hace cocos.

Advierte cuerdo, si a tu bolsa amagan,
que hay locos que echan cantos, y otros locos
que recogen los cantos y los pagan.


Francisco de Quevedo.
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Qué bueno mi querido amigo poder leer tales delicias y para colmo dos sonetos, que por cierto se complementan a la perfección. Un trabajo excelente compañero. Bien nutrido de verdades como puños.

Conozco a unos cuantos deportistas a los que les vendría al pelo leer estos sonetos pues si bien no todos pero muchos de ellos acaban sintiendo en sus carnes lo que en el último de verso del segundo soneto cuentas.

Un acierto en todo mi estimado poeta.
 
Estos dos sonetos están inspirados en el de Quevedo que podrán leer más abajo y que comienza: ”Si el mundo amaneciera cuerdo un día…”; espero que esta vez no se me atribuya plagio como hizo algún lector la última vez que quise hacer un homenaje a este que es uno de mis clásicos favoritos; aceptaría, eso sí, que se dijera que he intertextualizado un poco ese soneto del maestro y es que esa fue mi intención.


Por gustar de lucirse bajo el foco (I)

Ora en cuevas de Alibabá escondidas,
ora en escaparates de joyeros,
te las venden por bienes duraderos
mas te esquilman si un poco te descuidas.

Mentidos émulos que son de Midas
muestran oros y piedras los plateros,
vacían a quien pueden monederos
y con su seducción arruinan vidas.

Para el que vende obsequios para el ego
de quien gusta lucirse bajo el foco
siempre es el necio una fácil presa.

En este mundo, que razona poco,
al hombre lo deslumbra el fatuo fuego
y por minucias pierde la cabeza.

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Por gustar de lucirse bajo el foco ( II)

Son embaucados con quincallerías
los fatuos que enceguecen con plateros;
¡Oh cómo brillan en estanterías
las alhajas que muestran los joyeros!

Encandilados con las pedrerías
tornan en humo, incautos, sus dineros
y, seducidos, pagan a venteros
por mor de hacerse con las fruslerías.

En este mundo vil hay mucho loco
al que el fulgor de la sortija embriaga
por gustar de lucirse bajo el foco.

Daré un consejo cuerdo: si te halaga
exhibirte ¡cuidado! pues a poco
que te descuides fundirás la paga.
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Este es el soneto de Quevedo:

Si el mundo amaneciera cuerdo un día,
pobres anochecieran los plateros,
que las guijas nos venden por luceros
y, en migajas de luz, jigote al día.

La vidriosa y breve hipocresía
del Oriente nos truecan a dineros;
conócelos, Licino, por pedreros,
pues el caudal los siente artillería.

Si la verdad los cuenta, son muy pocos
los cuerdos que en la Corte no se estragan,
si ardiente el diamantón los hace cocos.

Advierte cuerdo, si a tu bolsa amagan,
que hay locos que echan cantos, y otros locos
que recogen los cantos y los pagan.


Francisco de Quevedo.
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Muy buenos sonetos, estimado Juan. "La fama es peligrosa, su peso es ligero al principio, pero se hace cada vez mas pesado el soportarlo y difícil de descargar": Hesiodo.

Un placer pasar por tu espacio. Un abrazo

Andi
 

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