A. GUSEV
Poeta recién llegado
Que sendero seguí
a tan altura,
que mis pulmones
aire reclamaban.
Que paisajes vi,
tan eternos
y majestuosos
que me llenaron de gozo.
Que montañas enormes
con barbas de
verdes follajes,
tan inmensas
que las nubes
en ellas reposaban.
El agua del cielo
bajaba directo
por sus lechos,
tan helada
que hasta el alma
congelaban
y tan clara
que todo purificaban.
El sendero continuaba,
la altura aumentaba
y con ello
mi asombro
despertaba.
El cansancio me acechaba,
pero no podía desistir...
El pueblo de Machu Picchu
me esperaba.
A. Montero
Gusev.
a tan altura,
que mis pulmones
aire reclamaban.
Que paisajes vi,
tan eternos
y majestuosos
que me llenaron de gozo.
Que montañas enormes
con barbas de
verdes follajes,
tan inmensas
que las nubes
en ellas reposaban.
El agua del cielo
bajaba directo
por sus lechos,
tan helada
que hasta el alma
congelaban
y tan clara
que todo purificaban.
El sendero continuaba,
la altura aumentaba
y con ello
mi asombro
despertaba.
El cansancio me acechaba,
pero no podía desistir...
El pueblo de Machu Picchu
me esperaba.
A. Montero
Gusev.
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