M.Mar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Alguien pisó el rabo de mi despertador
y me araña cuando voy a ponerle la mano encima.
Hoy me pesan demasiado
las mantas que bordé con hilos de tristeza,
pero he de levantarme
antes de que la cama abra sus fauces
con aliento a depresión y me devore.
Empiezo a ingerir el día
que hace juego con mi desayuno
- negro y amargo-
Me lavo la cara con agua fría
con la intención de despejarme.
Quizás puse demasiada intención,
pues mi sonrisa se fue por el desagüe
y los ojos, se me van escurriendo por las mejillas.
Inspirar ya no es un gesto involuntario,
solo expiro, como un globo pinchado
que poco a poco va perdiendo el aire.
Son las 8 y mi hijo está a punto de despertarse,
he de darme prisa en pintarme
una sonrisa de carmín barato,
en subir las persianas de mis ojos
para que vea en ellos el sol reflejado.
Ensayaré un ¡buenos días! en tres actos
y para comer prepararé perdices.
Adornaré la mesa con flores silvestres
y la habitación con globos de colores,
de esos que nunca se deshinchan.
Las carcajadas rebotarán por las paredes
haciendo estallar fuegos artificiales
y será su risa, su mirada alegre
quienes me hagan desear que mañana
vuelva a sonar el despertador,
aunque me arañe.
y me araña cuando voy a ponerle la mano encima.
Hoy me pesan demasiado
las mantas que bordé con hilos de tristeza,
pero he de levantarme
antes de que la cama abra sus fauces
con aliento a depresión y me devore.
Empiezo a ingerir el día
que hace juego con mi desayuno
- negro y amargo-
Me lavo la cara con agua fría
con la intención de despejarme.
Quizás puse demasiada intención,
pues mi sonrisa se fue por el desagüe
y los ojos, se me van escurriendo por las mejillas.
Inspirar ya no es un gesto involuntario,
solo expiro, como un globo pinchado
que poco a poco va perdiendo el aire.
Son las 8 y mi hijo está a punto de despertarse,
he de darme prisa en pintarme
una sonrisa de carmín barato,
en subir las persianas de mis ojos
para que vea en ellos el sol reflejado.
Ensayaré un ¡buenos días! en tres actos
y para comer prepararé perdices.
Adornaré la mesa con flores silvestres
y la habitación con globos de colores,
de esos que nunca se deshinchan.
Las carcajadas rebotarán por las paredes
haciendo estallar fuegos artificiales
y será su risa, su mirada alegre
quienes me hagan desear que mañana
vuelva a sonar el despertador,
aunque me arañe.
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