MiguelEsteban
ÚNICO
Este duende soledad vestía,
como azul noche sin brisa
en el párpado quedó
cada rasguño a la luna de caramelo,
hoy te siento despojada mi noche
de lamentos vividos
hoy mi pena te encuentra serena
en mi sangre de tierra
hoy los juncos mecen
orillas y yerbas de tu monte
cuerpo divino, olivos
de nuestro paraíso extinto,
hiedra que me trepas
las ganas despiertas,
camino sin prisa
las avenidas de ángeles
estrellados en estrellas,
el asfalto enmudece las palabras bebidas
los semáforos me caminan las soledades,
el hielo se siente cada noche
en la ciudad sin nombre
en los trajes caminantes,
en los gorriones de migas de pan
en los pasos que me llevan a verte
en las calles de mi mente
echo laberinto de peldaños
para alcanzar tu amor,
para comer tu sabor,
conduzco mi camino sin retorno
mordiendo tu sombra pasajera,
el mañana nunca llega
la noche se apodera de cristales en luna
espero en la estación de tu beso,
el matojo vierte flores blancas
entre niebla naciente que desdibuja cuerpos
canciones sin tiempo
palabras a un viento que nunca
nunca fue traicionero
poeta del viento a lo que me califico
de no encontrar razón
a la tempestad de más que trajo
tu aliento bendecido
en cada flor y en cada árbol
de mi pasión,
hoy tus nubes son manjares,
los ríos llevan mi calor,
la cueva se abre al clamor,
estoy clavado en mi arteria de vida
bebiendo la sinfonía,
buscando mi futuro
en las hojas de pétalos dormidos,
quién eres tú que acechas el sentimiento
la guerra tornó de invierno
el corazón soñó el verso
el latido caminó los edificios
las grises verdades caían por los afluentes
los refugios fueron templo en tu piel,
lo vivido se derrumbó como torres de papel,
desperté del eterno sueño que me encadenaba,
mi esencia hablaba de tu flor encontrada
porque sí por qué no
ardiente corazón,
el sí bemol transparente pío
lunática cuerda de mi violín afilada
confín de mi confín que vuelo
hasta llegar a ti,
destino encontrado errores comidos
errores perdidos en el camino
resurgir en las alas blancas de la ilusión
que mece y mece, en cada piropo que te engrandece,
fuego donde te veo
y el sentido despierto se hace fíbula en tu vestido,
destello de nuestro astro soslayado,
luces oscuras que pierden tus caminos,
avenidas de tu lengua descubiertas
cielo de piedras vuelto alfiler de mi albor,
rosas acampan el alma
al viento le cuelgo el sentir
de mariposas nocturnas volándote las luces,
las farolas me tiemblan
la ciudad se me vuelve laberinto sin salida
y huyo al campo de tu cuerpo,
huyo en mi silencio
con un poema y una letra de tu boca
lluvia cae visten mis latidos
profecías de tus caricias,
en los cipreses muertos que velan,
arañas mías que cazan tus mariposas,
déjame caer en el amor que vuelve de tu piel
déjame amar nuestro verdadero amanecer
sin importar nada más que tus pupilas
en mis calles perdidas.
El Castellano y Leannán-Sídhe