Luis Granados González
Poeta asiduo al portal
Tras la batalla,
arrasada mi alma,
espíritu en llamas,
el licor de mi copa
vertido en un río
de sangre y lágrimas.
Tras la tormenta,
herido por un rayo,
rasgadas mis venas,
el corazón partido,
la rabia ahogada
en una ciénaga.
Encerrado en esta mazmorra,
encadenado a la pared,
con miles de ratas
mordiendo mis pies,
imploro a la muerte:
Por favor, llévame
al purgatorio o
al infierno de Dante.
Después de muerto
no importa nada,
nada soy,
no seré nada.
Ni más sufrimiento,
ni más tortura.
Me sumiré en un sueño
sin más pesadillas.
Olvidaré la vida
que me trajo
a este mundo
tan horrendo.
arrasada mi alma,
espíritu en llamas,
el licor de mi copa
vertido en un río
de sangre y lágrimas.
Tras la tormenta,
herido por un rayo,
rasgadas mis venas,
el corazón partido,
la rabia ahogada
en una ciénaga.
Encerrado en esta mazmorra,
encadenado a la pared,
con miles de ratas
mordiendo mis pies,
imploro a la muerte:
Por favor, llévame
al purgatorio o
al infierno de Dante.
Después de muerto
no importa nada,
nada soy,
no seré nada.
Ni más sufrimiento,
ni más tortura.
Me sumiré en un sueño
sin más pesadillas.
Olvidaré la vida
que me trajo
a este mundo
tan horrendo.