El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Los que dicen que saben,
dicen que el infierno ya está lleno.
Mientras debaten su ciencia
por el callejón del invierno
anda la inocencia
marchando en cueros.
Los que dicen que saben,
mi señor,
dicen que el infierno ya está lleno.
A dónde irán entonces
todos los que se sienten tan buenos
pero nunca se fijaron
que hay niñez sin amparo
al ladito de su puerta.
Haga bien,
tenga usted la suya abierta
para darles esperanza.
Pasó el inocente por el barrio más precario,
no había farol, pero salió cada uno
y le dio algo.
Llegó el huérfano a la avenida de la vida
a ser adulto agradecido
dando pasos decididos
y cuidando de su gente.
Porque su gente lo cuidó
cuando andaba al desamparo.
Andaba bajo lluvia y Sol,
y alguien le prestó techo.
Anduvo hambriento
y le dio de comer piadosa una mano.
Andaba descalzo y dolorido,
ahora le veo iluminada la cara
mientras dobla en mi esquina.
Marchando viene
me mancha de inocencia este poema
con su canto esperanzado.
Su carita afligida
por sonrisa ha cambiado.
Mucho ha crecido desde su ida,
por el calzado que le dieran
sólo le he reconocido.
Zapatitos verdes,
medias de algodón
se me funde en un abrazo.
Los que dicen que saben
siguen sin ayudar endureciendo leyes
cosnpirando contra el hombre
odiando al que no se enreja y sonríe.
Yo sigo pensando:
estamos ganando.
www.elsolyanoeselsol.blogpsot.com
dicen que el infierno ya está lleno.
Mientras debaten su ciencia
por el callejón del invierno
anda la inocencia
marchando en cueros.
Los que dicen que saben,
mi señor,
dicen que el infierno ya está lleno.
A dónde irán entonces
todos los que se sienten tan buenos
pero nunca se fijaron
que hay niñez sin amparo
al ladito de su puerta.
Haga bien,
tenga usted la suya abierta
para darles esperanza.
Pasó el inocente por el barrio más precario,
no había farol, pero salió cada uno
y le dio algo.
Llegó el huérfano a la avenida de la vida
a ser adulto agradecido
dando pasos decididos
y cuidando de su gente.
Porque su gente lo cuidó
cuando andaba al desamparo.
Andaba bajo lluvia y Sol,
y alguien le prestó techo.
Anduvo hambriento
y le dio de comer piadosa una mano.
Andaba descalzo y dolorido,
ahora le veo iluminada la cara
mientras dobla en mi esquina.
Marchando viene
me mancha de inocencia este poema
con su canto esperanzado.
Su carita afligida
por sonrisa ha cambiado.
Mucho ha crecido desde su ida,
por el calzado que le dieran
sólo le he reconocido.
Zapatitos verdes,
medias de algodón
se me funde en un abrazo.
Los que dicen que saben
siguen sin ayudar endureciendo leyes
cosnpirando contra el hombre
odiando al que no se enreja y sonríe.
Yo sigo pensando:
estamos ganando.
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