Mercedes
Poeta adicto al portal
¿Por qué negarlo?
¿Por qué ese silencio desganado?
¿No hubo por ahí un latido?
¡Qué desgracia ahora conmigo!
Tú te ausentas, matando el sentido.
¡Qué pasó! ¡qué faltó!
Si se presenció una atadura,
dando rienda suelta a la locura.
Emíteme un suspiro y libera ya, esa amargura.
¿Por qué la distancia de un sentir?
En un quejido te ayudo a venir.
Si en una luna, un llanto.
Si tu consuelo, un fracaso.
¿Será incapaz que tu caricia se oculte en mi piel?
¿Por qué negar esa humedad que se ampara del anochecer?
Hasta un ceder trituraré los días, sin encanto y sin mesura.
Aplazaré cada aliento, hasta que un rocío se disuelva en tu cintura.
Miraré el amanecer dentro del eclipse de tu boca.
Sin tus labios en mi satisfacción,
sin la suavidad que me provoca.
Clausurada hasta que en ti, exista tal pasión.
Pero no formes soledades en mi nostalgia,
porque al terminar esta carta,
tú ya en mí te vuelves madrugada.
¿Por qué ese silencio desganado?
¿No hubo por ahí un latido?
¡Qué desgracia ahora conmigo!
Tú te ausentas, matando el sentido.
¡Qué pasó! ¡qué faltó!
Si se presenció una atadura,
dando rienda suelta a la locura.
Emíteme un suspiro y libera ya, esa amargura.
¿Por qué la distancia de un sentir?
En un quejido te ayudo a venir.
Si en una luna, un llanto.
Si tu consuelo, un fracaso.
¿Será incapaz que tu caricia se oculte en mi piel?
¿Por qué negar esa humedad que se ampara del anochecer?
Hasta un ceder trituraré los días, sin encanto y sin mesura.
Aplazaré cada aliento, hasta que un rocío se disuelva en tu cintura.
Miraré el amanecer dentro del eclipse de tu boca.
Sin tus labios en mi satisfacción,
sin la suavidad que me provoca.
Clausurada hasta que en ti, exista tal pasión.
Pero no formes soledades en mi nostalgia,
porque al terminar esta carta,
tú ya en mí te vuelves madrugada.
