Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
Antes fuí un vagabundo;
y aprendí que limosnar
es sentarte a apagar el frío,
con el corazón congelado
y esperando a los bomberos.
Ahora quien es mendiga
y limosna es mi alma.
Porque he aprendido
que el amor, no aparecerá
en ninguna esquina
a ofrecerme un plato
de comida caliente, y un techo
a esta noche tan fría.
Y como quizá sea un poeta;
y las palabras son lo único que tengo,
te vendo mis mejores versos,
(esos que jamás le dije a nadie;
salvo a todas las que son como tú.
Versos como un niño huérfano;
criado en un orfanato diferente
cada mes, y con todos los distintos
nombres de la humanidad,
sin responder aún a ninguno.)
Y te los vendo, a cambio
de que los compres
con ese brillante sexo
como el oro al que tu llamas amor.
Algún día, puede ser que me equivoque
y de verdad tú aparezcas.
Pero espero entonces, que entiendas
que no me esforzaré en escribirte versos.
Porque las mejores metáforas poéticas
de mi amor,
serán llevarte a mis lugares preferidos
para estar conmigo a solas,
y convertirlos en un refugio de nosotros.
Y todas las estrellas
junto al faro que tú veas,
cada madrugada del viernes abrazados,
serán esas letras que te escribo,
sin dejartelas en un papel mejor
y más longevo que el cielo mismo.
Cuando estemos pegados,
como dos trémulos latidos
que se exhalan en el hilo del aire nervioso
entre dos labios de silencio;
esas serán mis mayores obras para tí.
Cuando te acompañe a casa,
y hablemos de todas las cosas de la vida
en el quicio del bloque en que tu vivas;
cuando las lágrimas, resbalen de tus párpados
como el monzón de la tristeza
sobre los pétalos de un día gris del Verano;
cuando lloren, como la sangre
de una brecha que grite como una boca
de aflicción en mí mismo.
Y acuda a limpiar tu llanto
con el regazo de la camiseta de mi alma;
donde tú puedas recostar la cabeza,
y contarme que te ha sucedido...
Esas serán las rosas;
el 14 de febrero, en cada día del año
de cada de día de mi vida
que celebremos tú y yo.
y aprendí que limosnar
es sentarte a apagar el frío,
con el corazón congelado
y esperando a los bomberos.
Ahora quien es mendiga
y limosna es mi alma.
Porque he aprendido
que el amor, no aparecerá
en ninguna esquina
a ofrecerme un plato
de comida caliente, y un techo
a esta noche tan fría.
Y como quizá sea un poeta;
y las palabras son lo único que tengo,
te vendo mis mejores versos,
(esos que jamás le dije a nadie;
salvo a todas las que son como tú.
Versos como un niño huérfano;
criado en un orfanato diferente
cada mes, y con todos los distintos
nombres de la humanidad,
sin responder aún a ninguno.)
Y te los vendo, a cambio
de que los compres
con ese brillante sexo
como el oro al que tu llamas amor.
Algún día, puede ser que me equivoque
y de verdad tú aparezcas.
Pero espero entonces, que entiendas
que no me esforzaré en escribirte versos.
Porque las mejores metáforas poéticas
de mi amor,
serán llevarte a mis lugares preferidos
para estar conmigo a solas,
y convertirlos en un refugio de nosotros.
Y todas las estrellas
junto al faro que tú veas,
cada madrugada del viernes abrazados,
serán esas letras que te escribo,
sin dejartelas en un papel mejor
y más longevo que el cielo mismo.
Cuando estemos pegados,
como dos trémulos latidos
que se exhalan en el hilo del aire nervioso
entre dos labios de silencio;
esas serán mis mayores obras para tí.
Cuando te acompañe a casa,
y hablemos de todas las cosas de la vida
en el quicio del bloque en que tu vivas;
cuando las lágrimas, resbalen de tus párpados
como el monzón de la tristeza
sobre los pétalos de un día gris del Verano;
cuando lloren, como la sangre
de una brecha que grite como una boca
de aflicción en mí mismo.
Y acuda a limpiar tu llanto
con el regazo de la camiseta de mi alma;
donde tú puedas recostar la cabeza,
y contarme que te ha sucedido...
Esas serán las rosas;
el 14 de febrero, en cada día del año
de cada de día de mi vida
que celebremos tú y yo.