Valentina Quiroga Porras
Poeta recién llegado
Porque lo haces siempre,
cada vez que me convenzo de que no,
porque me miras así, de repente,
y no lo entiendo, o tal vez no.
Porque luego lo arruinas todo,
porque tienes que ser tan estúpido,
porque aunque a veces me incomodo,
vuelvo a caer en este sueño lúcido.
Porque no puedo decidirme,
porque no puedo solo olvidarte,
porque aunque intento evadirme,
algo me obliga a pensarte.
Porque no podemos dejar de mirarnos,
aunque sepamos que no está bien,
porque no sé cómo dejar de buscarnos,
aunque ni tú ni yo digamos “ven”.
Porque siempre sabes cómo hacerme reír,
aunque me estés sacando de quicio,
te odio por hacerme revivir
el amor al borde del precipicio.
A pesar de tu lista de corazones rotos, todo escapa de mi entendimiento,
y le faltan segundos al tiempo
para evitar que lo sepan todos.
Podré olvidar tus equivocaciones,
aunque me atormente pensar tus razones,
y aunque te borre con esmero…
en mi mente, un trozo tuyo es verdadero.
Te veo, lo juro, cada vez que anochece,
y algo en mí por ti… todavía permanece.
Y me sobran argumentos para odiarte, pero también cosas por las que amarte.
Porque estaba en el piso y me levantaste,
porque estaba estresada y me enojaste,
porque estaba distraída… y me enamoraste
cada vez que me convenzo de que no,
porque me miras así, de repente,
y no lo entiendo, o tal vez no.
Porque luego lo arruinas todo,
porque tienes que ser tan estúpido,
porque aunque a veces me incomodo,
vuelvo a caer en este sueño lúcido.
Porque no puedo decidirme,
porque no puedo solo olvidarte,
porque aunque intento evadirme,
algo me obliga a pensarte.
Porque no podemos dejar de mirarnos,
aunque sepamos que no está bien,
porque no sé cómo dejar de buscarnos,
aunque ni tú ni yo digamos “ven”.
Porque siempre sabes cómo hacerme reír,
aunque me estés sacando de quicio,
te odio por hacerme revivir
el amor al borde del precipicio.
A pesar de tu lista de corazones rotos, todo escapa de mi entendimiento,
y le faltan segundos al tiempo
para evitar que lo sepan todos.
Podré olvidar tus equivocaciones,
aunque me atormente pensar tus razones,
y aunque te borre con esmero…
en mi mente, un trozo tuyo es verdadero.
Te veo, lo juro, cada vez que anochece,
y algo en mí por ti… todavía permanece.
Y me sobran argumentos para odiarte, pero también cosas por las que amarte.
Porque estaba en el piso y me levantaste,
porque estaba estresada y me enojaste,
porque estaba distraída… y me enamoraste
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