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Portugal y el bosque de las cruces

Valen_Tina

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Marc Sellarès


Creo en la buena muerte,

la que llega sin dolor.

Lo que más te aleja de ella

son las llamas de un incendio.

Momentos que añoran la oscuridad

cuando se han apagado las estrellas,

como se añora la lluvia cayéndote

sobre el rostro,

el caudal de un rio con sus piedras

y una vegetación protectora,

el transcurrir de sus sombras

donde se zambullen los peces,

ajenos al vuelo de las mariposas.

Basta un rayo enfurecido

sobre el bosque

para que siembre la desesperación

en todos sus habitantes

para que reconozcan

lo que es el verdadero infierno

atrapados a dos lados de la vereda,

huyendo de sus casas

por el lugar equivocado.

Dolor y desolación

son como una camisa de fuerza

llena de muerte y cenizas.

He maldecido al viento,

ese que según Dylan

hace que floten las respuestas.
 
Última edición:
Siempre he pensado que el infierno (o una gran sucursal de él) está aquí en la Tierra. Qué se puede decir sobre algo así, es absolutamente terrible, no hay palabras, aunque tampoco se debería obviar el papel negligente y criminal de las autoridades portuguesas que dijeron a la población que abandonaran sus casas y huyeran en sus coches (en casi cualquier otro país europeo esto supondría un escándalo y hasta podría suponer la dimisión e imputación de muchos altos cargos), pero en fin, eso ya no arregla la terrible muerte y el dolor de tantas familias.

Excelente poema, Valentina. Un abrazo.
 
Última edición por un moderador:
Siempre he pensado que el infierno (o una gran sucursal de él) está aquí en la Tierra. Qué se puede decir sobre algo así, es absolutamente terrible, no hay palabras, aunque tampoco se debería obviar el papel negligente y criminal de las autoridades portuguesas que dijeron a la población que abandonaran sus casas y huyeran en sus coches (en casi cualquier otro país europeo esto supondría un escándalo y hasta podría suponer la dimisión e imputación de muchos altos cargos), pero en fin, eso ya no arregla la terrible muerte y el dolor de tantas familias.

Excelente poema, Valentina. Un abrazo.
Totalmente de acuerdo Luis con esa visión del infierno, también creo que la autoridad encargada del plan de protección civil sencillamente no existió, se deben pedir responsabilidades aunque a los muertos ya nadie les devuelva la vida. Doñana también está ardiendo y no de manera fortuita. Desgraciadamente en mi vida he vivido dos incendios y me horrorizan.
Miles de gracias por venir y abrazos
 
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Marc Sellarès


Creo en la buena muerte,

la que llega sin dolor.

Lo que más te aleja de ella

son las llamas de un incendio.

Momentos que añoran la oscuridad

cuando se han apagado las estrellas,

como se añora la lluvia cayéndote

sobre el rostro,

el caudal de un rio con sus piedras

y una vegetación protectora,

el transcurrir de sus sombras

donde se zambullen los peces,

ajenos al vuelo de las mariposas.

Basta un rayo enfurecido

sobre el bosque

para que siembre la desesperación

en todos sus habitantes

para que reconozcan

lo que es el verdadero infierno

atrapados a dos lados de la vereda,

huyendo de sus casas

por el lugar equivocado.

Dolor y desolación

son como una camisa de fuerza

llena de muerte y cenizas.

He maldecido al viento,

ese que según Dylan

hace que floten las respuestas.
Lo grave es que cada vez hay más adictos al fuego
y el placer que les produce la muerte y no sólo de los bosques
si no de todo aquello que huele a vida.La mayoría de los incendios
son provocados por el hombre.
Es un hermoso poema, Valen-Tina,no es fácil
transmitir un mensaje de muerte en hermosos versos.
Terrible tragedia,es complicado decir mucho más...
Un abrazo, compañera.
 
Los incendios y ese temor casi permanente a que el fuego se lleve por delante hasta las vidas.
Estamos por los parajes de difícil acceso y ese temor se multiplica.
Un cúmulo de despropósitos y fatales políticas ambientales acrecientan los miedos y el dolor ante estos desastres... Y las respuestas siguen sin llegar con el viento.
Solo nos queda esperar, de momento, que los vientos sean propicios, como el verano pasado, que por cierto estábamos en Portugal.
Un gran poema, Valentina, que te leí entre bosques y al que ahora vuelvo.
Besos.
 
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Marc Sellarès


Creo en la buena muerte,

la que llega sin dolor.

Lo que más te aleja de ella

son las llamas de un incendio.

Momentos que añoran la oscuridad

cuando se han apagado las estrellas,

como se añora la lluvia cayéndote

sobre el rostro,

el caudal de un rio con sus piedras

y una vegetación protectora,

el transcurrir de sus sombras

donde se zambullen los peces,

ajenos al vuelo de las mariposas.

Basta un rayo enfurecido

sobre el bosque

para que siembre la desesperación

en todos sus habitantes

para que reconozcan

lo que es el verdadero infierno

atrapados a dos lados de la vereda,

huyendo de sus casas

por el lugar equivocado.

Dolor y desolación

son como una camisa de fuerza

llena de muerte y cenizas.

He maldecido al viento,

ese que según Dylan

hace que floten las respuestas.
¿ Y pensar que ese rayo que tú dices, pudiera ser la mano del homo sapiens?

Con cariño


Alfonso Espinosa
 

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