Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
POSIBLEMENTE ABSURDO
Este es, no lo dudo,
el lugar que ocupo:
sólido, líquido y gaseoso;
sutil como mi pensamiento
que fluye amarrado a una roca
que se clava en mis adentros.
Mi mundo.
Estas son, con sus cadenas,
las personas que me llevan
por sus cárceles y patios,
por sus sueños y temores,
sus tristezas, alegrías,
complacencias, sinsabores.
Mis velas.
Este es, no cabe duda,
el discurrir que me ocupa
y que gana en consistencia
cuando pierdo la razón
(que existe aunque yo no exista),
y escribe mi corazón.
Mi cordura.
Estas son, o al menos lo presiento,
las luces y las sombras de mis adentros,
reflejadas en los ojos,
escondidas en los gestos,
descubiertas en lo básico
de mi propio entendimiento.
Mis lamentos.
Y éste soy yo, os lo juro:
ni joven ni maduro,
puro aprendiz de lo ajeno,
“Caballero inexistente”,
“Vizconde demediado”
“Barón rampante” y alegre.
Este es, no lo dudo,
el lugar que ocupo:
sólido, líquido y gaseoso;
sutil como mi pensamiento
que fluye amarrado a una roca
que se clava en mis adentros.
Mi mundo.
Estas son, con sus cadenas,
las personas que me llevan
por sus cárceles y patios,
por sus sueños y temores,
sus tristezas, alegrías,
complacencias, sinsabores.
Mis velas.
Este es, no cabe duda,
el discurrir que me ocupa
y que gana en consistencia
cuando pierdo la razón
(que existe aunque yo no exista),
y escribe mi corazón.
Mi cordura.
Estas son, o al menos lo presiento,
las luces y las sombras de mis adentros,
reflejadas en los ojos,
escondidas en los gestos,
descubiertas en lo básico
de mi propio entendimiento.
Mis lamentos.
Y éste soy yo, os lo juro:
ni joven ni maduro,
puro aprendiz de lo ajeno,
“Caballero inexistente”,
“Vizconde demediado”
“Barón rampante” y alegre.
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