rauloscar
Poeta que considera el portal su segunda casa
No era cuestión de inocencia
más bien de tierna picardía
hacernos horizontal sobre el suelo
cuando sus piernas largas
apenas vestidas
desfilaban su juventud
por las veredas del barrio
regalándonos su cielo.
Luego
un guiño
un beso al aire
y verla seguir
hasta perderse
de nuestros suspiros.
Eran horas de siesta
y adultos dormidos
solo ella y nosotros
bajo el sol.
Dejando de ser niños.
más bien de tierna picardía
hacernos horizontal sobre el suelo
cuando sus piernas largas
apenas vestidas
desfilaban su juventud
por las veredas del barrio
regalándonos su cielo.
Luego
un guiño
un beso al aire
y verla seguir
hasta perderse
de nuestros suspiros.
Eran horas de siesta
y adultos dormidos
solo ella y nosotros
bajo el sol.
Dejando de ser niños.