tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
La turba sombría de la medianoche, me sorprende escaso de defensas, e insosteniblemente cruel de oscilaciones y mutancias crónicas.
En la soledad del sonido, me reconozco inclinado a un ostracismo híper sensible, cuan voraz que invade abruptamente el cierre de mis suculencias.
Estoy a la mitad de un proceso hipotético de introspección, al que acudo desde el mismísimo útero de mis dudas madres. Y que aún así, cotejo cada sombra amorfa, que perciben las papilas psíquicas que a colocado con sutileza, la mente en la periferia de mi caminata nocturna e imaginaria.
Desde el movimiento estático, contemplo la rugosidad de la niebla, azotando una distancia líquida, que dista en la curvatura de la imagen displicente.
Una llovizna he volcado al paisaje y su nocturnidad, con la osadía de acompañar esta aventura de mi mente. Busco endeble, refugio en un abrigo de color negro, ajustando las solapas del Montgomery, cubriéndome el cuello; tal vez dentro de este acorazado viaje, encuentre la muerte de mi estigma.
Y una vez despierto, quien sabe donde esté, posiblemente sepa regresar, sabiendo algo nuevo, que una vez más tendré que descubrir trayendo conmigo el valor de mis arcas, y el sabor de las palabras que nunca supe pronunciar.
En la soledad del sonido, me reconozco inclinado a un ostracismo híper sensible, cuan voraz que invade abruptamente el cierre de mis suculencias.
Estoy a la mitad de un proceso hipotético de introspección, al que acudo desde el mismísimo útero de mis dudas madres. Y que aún así, cotejo cada sombra amorfa, que perciben las papilas psíquicas que a colocado con sutileza, la mente en la periferia de mi caminata nocturna e imaginaria.
Desde el movimiento estático, contemplo la rugosidad de la niebla, azotando una distancia líquida, que dista en la curvatura de la imagen displicente.
Una llovizna he volcado al paisaje y su nocturnidad, con la osadía de acompañar esta aventura de mi mente. Busco endeble, refugio en un abrigo de color negro, ajustando las solapas del Montgomery, cubriéndome el cuello; tal vez dentro de este acorazado viaje, encuentre la muerte de mi estigma.
Y una vez despierto, quien sabe donde esté, posiblemente sepa regresar, sabiendo algo nuevo, que una vez más tendré que descubrir trayendo conmigo el valor de mis arcas, y el sabor de las palabras que nunca supe pronunciar.