Eratalia
Con rimas y a lo loco
Las cosas ya se complican,
Guido, en sus poemas inmerso,
saltando de verso en verso.
Las pistas se multiplican
y las pesquisas se aplican
por estribor y babor.
Se enmaraña la labor
si involucro a Margarita,
a aquella Santa bendita,
y “El Temido” destructor.
El clavicordio se olvida
porque otros acordes suenan
y a cavilar te condenan,
¡la incógnita está servida!
Rosalinda con su vida
sigue, se va a su salón,
ve que hay polvo en el rincón
y también un instrumento
que es de cuerda, no de viento,
y lo limpia con fruición.
Luego se sienta y lo tañe
despertando cada nota;
en el aire el polvo flota,
y puede que no os extrañe
que la abuela la regañe,
porque su mano de nieve
no practica lo que debe,
ya que prefiere las rosas
tan fragantes como hermosas,
aunque tocar le conmueve.
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