Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Enciendo del insomnio la fogata,
que a musa avivo cuanto parpadea.
Mi temple como fiera merodea
y en sus ojos, mi brío se delata.
Suspicaz, una bruja literata,
deletrea, (también tartamudea)
endecasílabos que paladea
a fin de reprocharme cada errata.
Hartos de rigideces comecocos,
(loada su facciosa disidencia)
escapan mis catorce versos hoscos.
Y se enarbolan raudos, cual sirocos,
en el firme bastión de mi clemencia,
nombrándose soneto, ¡los muy locos!
que a musa avivo cuanto parpadea.
Mi temple como fiera merodea
y en sus ojos, mi brío se delata.
Suspicaz, una bruja literata,
deletrea, (también tartamudea)
endecasílabos que paladea
a fin de reprocharme cada errata.
Hartos de rigideces comecocos,
(loada su facciosa disidencia)
escapan mis catorce versos hoscos.
Y se enarbolan raudos, cual sirocos,
en el firme bastión de mi clemencia,
nombrándose soneto, ¡los muy locos!
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