La obscuridad domina ante mí,
doy pasos y ruidos de cristales se escuchan,
mis pies de sangrar no cesan,
me detengo y unas fuertes luces me ciegan.
Los cristales resplandecen fuertemente,
me agacho lentamente,
observo un cristal y algo llama mi atención,
raudamente los junto todos con suma precaución.
A medida que lo reconstruyo
mi corazón mas rápido palpita,
mi cabeza más tirita,
mis ojos cada vez se abren más.
El resultado,mi imagen,
rodeada de un cielo ensangrentado
y de un pueblo destrozado,
un ruido se hace escuchar.
Y comienzo a gritar,
despierto en mi cama,
con el sonido del teléfono que tanto me alarma,
me levanto velozmente.
Todo lo que escucho del teléfono es muerte,
me pongo de espaldas a una vidriera,
donde un cielo ensangrentado y un pueblo destrozado,
yo he pintado.
Una lágrima cae por mi pálido rostro,
miles de recuerdos a mi mente llegan,
sólo logro ver a un monstruo,
mis ojos de llorar no cesan.
Miro por la ventana,
y el cielo de un tono rojizo se haya,
miro a la calle y ni una persona se calla,
Mi ira se desata y un martillo cojo.
Destrozo ese cielo rojo,
destrozo ese pueblo ya destrozado,
y destrozo la cara de ese monstruo tan malvado,
llamado yo.
Sólo quedan cristales que mis pies dañan, y mi atención tanto llaman.
doy pasos y ruidos de cristales se escuchan,
mis pies de sangrar no cesan,
me detengo y unas fuertes luces me ciegan.
Los cristales resplandecen fuertemente,
me agacho lentamente,
observo un cristal y algo llama mi atención,
raudamente los junto todos con suma precaución.
A medida que lo reconstruyo
mi corazón mas rápido palpita,
mi cabeza más tirita,
mis ojos cada vez se abren más.
El resultado,mi imagen,
rodeada de un cielo ensangrentado
y de un pueblo destrozado,
un ruido se hace escuchar.
Y comienzo a gritar,
despierto en mi cama,
con el sonido del teléfono que tanto me alarma,
me levanto velozmente.
Todo lo que escucho del teléfono es muerte,
me pongo de espaldas a una vidriera,
donde un cielo ensangrentado y un pueblo destrozado,
yo he pintado.
Una lágrima cae por mi pálido rostro,
miles de recuerdos a mi mente llegan,
sólo logro ver a un monstruo,
mis ojos de llorar no cesan.
Miro por la ventana,
y el cielo de un tono rojizo se haya,
miro a la calle y ni una persona se calla,
Mi ira se desata y un martillo cojo.
Destrozo ese cielo rojo,
destrozo ese pueblo ya destrozado,
y destrozo la cara de ese monstruo tan malvado,
llamado yo.
Sólo quedan cristales que mis pies dañan, y mi atención tanto llaman.
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