No quiero que seas en mis noches
el ojo de un tren,
o que vistas traje de luna
y me orientes como si marino fuera.
No quiero sentir tu espada afilarse detrás,
que el horizonte cortes de mis paisajes
ni que bebas de mis penas buscando veneno.
Prefiero tener mi historia hospitalizada
al cuidado de mis caídas,
porque ellas son las expertas
en la insania de aprender.
Prefiero,
la tormenta del este enfrentar,
llenar con su jugo mis venas
y por fin dejar de ser en tu pared
el cuadro torcido
que en tus mañanas
pretendes derecho ver.
el ojo de un tren,
o que vistas traje de luna
y me orientes como si marino fuera.
No quiero sentir tu espada afilarse detrás,
que el horizonte cortes de mis paisajes
ni que bebas de mis penas buscando veneno.
Prefiero tener mi historia hospitalizada
al cuidado de mis caídas,
porque ellas son las expertas
en la insania de aprender.
Prefiero,
la tormenta del este enfrentar,
llenar con su jugo mis venas
y por fin dejar de ser en tu pared
el cuadro torcido
que en tus mañanas
pretendes derecho ver.