Miriam Camelo
Poeta recién llegado
Hoy amigo, quiero hablarle del amor,
de ese que se despertó a través de las palabras,
de los sonidos que nos forjaron una mirada tranquila
con el verde de los guaduales y el brillo de los lagos,
de la boca que la contenía, organizando canciones
y que los labios silbaban
en los oídos, a la distancia.
Hoy quiero contarle, que el sentir es una fiesta,
aún sin querer asistir, nos envuelve en su algarabía
se enreda entre los cabellos, entre los linos tejidos
y se balancea presumido en los esteros de la mirada
encendiendo con luz de luna
candiles en la tez sombría, alcanzando las mejillas
con rubores de inocencia.
Ni que decir de la avalancha que se suscita en el pensamiento,
no la detiene brechas, ni estatutos o regímenes,
erigen estandartes en el corazón y en la frente
y otean sus promesas al fragor de los suspiros,
defendiendo bajo su ley, la pasión que los circunda
la que los unifica en lides, atemporales y sin reglas
sobre las sábanas fruncidas y húmedas de agua salada
que los ve morir en sus mares y renacer dentro de los huesos
como semillas de girasoles
llenos de vida, llenos de fuego.
de ese que se despertó a través de las palabras,
de los sonidos que nos forjaron una mirada tranquila
con el verde de los guaduales y el brillo de los lagos,
de la boca que la contenía, organizando canciones
y que los labios silbaban
en los oídos, a la distancia.
Hoy quiero contarle, que el sentir es una fiesta,
aún sin querer asistir, nos envuelve en su algarabía
se enreda entre los cabellos, entre los linos tejidos
y se balancea presumido en los esteros de la mirada
encendiendo con luz de luna
candiles en la tez sombría, alcanzando las mejillas
con rubores de inocencia.
Ni que decir de la avalancha que se suscita en el pensamiento,
no la detiene brechas, ni estatutos o regímenes,
erigen estandartes en el corazón y en la frente
y otean sus promesas al fragor de los suspiros,
defendiendo bajo su ley, la pasión que los circunda
la que los unifica en lides, atemporales y sin reglas
sobre las sábanas fruncidas y húmedas de agua salada
que los ve morir en sus mares y renacer dentro de los huesos
como semillas de girasoles
llenos de vida, llenos de fuego.
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