nando sabido
Poeta recién llegado
La noche se despide agonizando
entre las sábanas de tu ausencia,
hurgando en el dolor reciente
que lame la jauría de lobos
que se alimenta de los celos.
El teléfono es ya un objeto innecesario,
moribundo vencido
por la huída irremediable de tu voz
y tus palabras pintan las paredes,
con el color que evidencia a las mentiras.
En el rincón más oscuro de la habitación,
aún permanece intacta la vasija
con la que imitaste la escena de Pilatos,
improvisando un monólogo cobarde
y vistiendo la desnudez de tu traición con fuego.
Te recuerdo empapada por la lluvia
asomado a la ventana de mi indignidad,
fugitivo de la realidad en esa noche,
preludio maldito de la soledad.
entre las sábanas de tu ausencia,
hurgando en el dolor reciente
que lame la jauría de lobos
que se alimenta de los celos.
El teléfono es ya un objeto innecesario,
moribundo vencido
por la huída irremediable de tu voz
y tus palabras pintan las paredes,
con el color que evidencia a las mentiras.
En el rincón más oscuro de la habitación,
aún permanece intacta la vasija
con la que imitaste la escena de Pilatos,
improvisando un monólogo cobarde
y vistiendo la desnudez de tu traición con fuego.
Te recuerdo empapada por la lluvia
asomado a la ventana de mi indignidad,
fugitivo de la realidad en esa noche,
preludio maldito de la soledad.