Norainu
Poeta fiel al portal
Preludio de un náufrago.
Violento y testarudo como el solo,
venía el viento del mar.
Ahora el timón se balanceaba,
amenaza de olas tan saladas y tan frías.
De repente dos luces negras,
que, de tan negras, en la noche se veían.
Sobre una costa de piel morena,
dos faros de hechicería.
Y las velas se deshinchaban,
trinquete y botavara gemían de pena.
El aire azotaba como un sádico.
Entre soplo y arena, un alma esclava.
- ¡Son dos ojos de brujería! - Todo el barco se quejaba.
- No, son solo los faros del alma mía. - Yo les decía.
Violento y testarudo como el solo,
venía el viento del mar.
Ahora el timón se balanceaba,
amenaza de olas tan saladas y tan frías.
De repente dos luces negras,
que, de tan negras, en la noche se veían.
Sobre una costa de piel morena,
dos faros de hechicería.
Y las velas se deshinchaban,
trinquete y botavara gemían de pena.
El aire azotaba como un sádico.
Entre soplo y arena, un alma esclava.
- ¡Son dos ojos de brujería! - Todo el barco se quejaba.
- No, son solo los faros del alma mía. - Yo les decía.