PRELUDIO PARA LAS NUEVAS MÚSICAS
Se alejan los bosques seculares
navegando sumisos tras los vuelos
de las aves migratorias
Se alejan ocupando los desiertos virginales
celando con sus sombras los brillos
y los oasis donde se ocultan los ecos.
La música de los vientos que dejan a su paso
las viejas locomotoras
se encojen en pentagramas de preludios,
sincopando las amplias notas de las gráciles alondras.
Viejas arpas eólicas, soeces danzarinas de la noche,
creadoras de antiguos universos de lágrimas melancólicas,
debéis de dejar espacio para los niños hambrientos.
En sistólicos devenires, en perpetua búsqueda diastólica,
con la lentitud del aire que ya ha llegado a su final,
me traéis los aromas de los oscuros cementerios deshabitados
mientras descifráis los apotegmas de las amapolas marchitas.
No sabéis, pobres músicas arcaicas,
que son otros los ritmos de esta nueva era.
Ya no es el fuego horizontal del silbo de la saeta,
ni el cárstico, monótono, latido del agua que conforma
en las recónditas oscuridades uterinas
la armonía prehumana de las estalactitas, falos del tiempo
ni aún el desangrarse de un tango en el lamento del vacío.
Buscad en las cargas de las mujeres macilentas,
en los lánguidos susurros de sus orgasmos fallidos.
Buscad en las pálidas bibliotecas,
en los libros impresos sobre alas de mariposas,
escuchad el crepitar de los juncos cuando crecen
junto a los resecos arroyos, reino antiguo de las ninfas.
Oh, recread vuestras miradas en las ninfas de Boucher,
y pensad que son la joven mecanógrafa que os insinúa lascivias.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Pero está mi pasado anclado a mis amores
como légamo absorbente e industrioso en su fijar
y mis vísceras ofrecidas al insomnio voraz de aquel que ama.
Es la hora de partir; ofrecedme un camino que, aunque incierto,
me lleve al horizonte inalcanzable de mis sueños.
Ilust.: Paolo Čerić. Arte digital.
Se alejan los bosques seculares
navegando sumisos tras los vuelos
de las aves migratorias
Se alejan ocupando los desiertos virginales
celando con sus sombras los brillos
y los oasis donde se ocultan los ecos.
La música de los vientos que dejan a su paso
las viejas locomotoras
se encojen en pentagramas de preludios,
sincopando las amplias notas de las gráciles alondras.
Viejas arpas eólicas, soeces danzarinas de la noche,
creadoras de antiguos universos de lágrimas melancólicas,
debéis de dejar espacio para los niños hambrientos.
En sistólicos devenires, en perpetua búsqueda diastólica,
con la lentitud del aire que ya ha llegado a su final,
me traéis los aromas de los oscuros cementerios deshabitados
mientras descifráis los apotegmas de las amapolas marchitas.
No sabéis, pobres músicas arcaicas,
que son otros los ritmos de esta nueva era.
Ya no es el fuego horizontal del silbo de la saeta,
ni el cárstico, monótono, latido del agua que conforma
en las recónditas oscuridades uterinas
la armonía prehumana de las estalactitas, falos del tiempo
ni aún el desangrarse de un tango en el lamento del vacío.
Buscad en las cargas de las mujeres macilentas,
en los lánguidos susurros de sus orgasmos fallidos.
Buscad en las pálidas bibliotecas,
en los libros impresos sobre alas de mariposas,
escuchad el crepitar de los juncos cuando crecen
junto a los resecos arroyos, reino antiguo de las ninfas.
Oh, recread vuestras miradas en las ninfas de Boucher,
y pensad que son la joven mecanógrafa que os insinúa lascivias.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Pero está mi pasado anclado a mis amores
como légamo absorbente e industrioso en su fijar
y mis vísceras ofrecidas al insomnio voraz de aquel que ama.
Es la hora de partir; ofrecedme un camino que, aunque incierto,
me lleve al horizonte inalcanzable de mis sueños.
Ilust.: Paolo Čerić. Arte digital.