VALENTINA SANTOS
Poeta recién llegado
Son las malas jugadas que nos brinda el inconsciente
las que pintan el taciturno sentido de la pasión.
Rimas celestiales, arcángeles vánales que se esfuman
en el humo de un cigarrillo que
se apodera de mis pulmones.
Y ya sin guardar rencores me dejo embriagar
por una botella que elimina las soledades de mis
malestares.
Recuerdo aquella paz alucinante que invadía
mi espíritu en navidad y veía mis anhelantes
placeres con las manos.
no había necesidad de ojos para saber su presencia
en aquel lugar.
Pero luego, volvía el silencio y la fatiga.
El cansancio de odiar se escribe en estas
letras y se representa en cada una de mis lagrimas.
Paraíso oxidado y amenazado por un estado de maldad.
Furia y tentación se pasea por los laureles de mi
infinita jurisdicción.
Un tecleo que evita la tragedia retratada.
Palabras que huyen de mi,
por que no quieren sentir la rabia y la desdicha
de esta poeta maldita.
¿Maldita? Malditos los de antes que
se tenían que esconder para sufrir sus pesares.
Afortunada yo de existir para poder escribir
y revivir los pasados que nunca quise sentir.
Hoy me declaro libre, me declaro dueña
del mundo inexistente y aún más soy presidenta
de los ojos de la muerte.
las que pintan el taciturno sentido de la pasión.
Rimas celestiales, arcángeles vánales que se esfuman
en el humo de un cigarrillo que
se apodera de mis pulmones.
Y ya sin guardar rencores me dejo embriagar
por una botella que elimina las soledades de mis
malestares.
Recuerdo aquella paz alucinante que invadía
mi espíritu en navidad y veía mis anhelantes
placeres con las manos.
no había necesidad de ojos para saber su presencia
en aquel lugar.
Pero luego, volvía el silencio y la fatiga.
El cansancio de odiar se escribe en estas
letras y se representa en cada una de mis lagrimas.
Paraíso oxidado y amenazado por un estado de maldad.
Furia y tentación se pasea por los laureles de mi
infinita jurisdicción.
Un tecleo que evita la tragedia retratada.
Palabras que huyen de mi,
por que no quieren sentir la rabia y la desdicha
de esta poeta maldita.
¿Maldita? Malditos los de antes que
se tenían que esconder para sufrir sus pesares.
Afortunada yo de existir para poder escribir
y revivir los pasados que nunca quise sentir.
Hoy me declaro libre, me declaro dueña
del mundo inexistente y aún más soy presidenta
de los ojos de la muerte.