Eran sus ojos mansos, en mi cielo vacío,
una zonda de amor, que me calaba el alma.
Una brisa de agosto, que me traía calma,
dos perlas enfundadas en gotas de rocío.
una zonda de amor, que me calaba el alma.
Una brisa de agosto, que me traía calma,
dos perlas enfundadas en gotas de rocío.
Eran sus palabras, una voz del estío,
como un verbo apacible, que espantaba mi pena.
Como un ala de pájaro, que en la tarde serena,
en suave tornasol, trepaba por el río.
como un verbo apacible, que espantaba mi pena.
Como un ala de pájaro, que en la tarde serena,
en suave tornasol, trepaba por el río.
Eran sus manos suaves,dos nidos en el frío,
dos plumones que subían rondando mi camisa.
Dos garzas asustadas, que buscaban deprisa
un sitio donde atar, su corazón al mío.
dos plumones que subían rondando mi camisa.
Dos garzas asustadas, que buscaban deprisa
un sitio donde atar, su corazón al mío.
Pero un día se fue. Yo, soberbio e impío,
la dejé ir por la tarde, sin rogar que volviera.
¿Cómo pude vivir, así, sin primavera?
cómo puedo escribir...con este desvarío.
la dejé ir por la tarde, sin rogar que volviera.
¿Cómo pude vivir, así, sin primavera?
cómo puedo escribir...con este desvarío.
Marino Fabianesi
Última edición: