AMANT
Poeta adicto al portal
Una constelada noche de abril,
ese mes que colorea
y perfuma, la primavera,
los ríos corrían perseguidos por el tiempo.
Los árboles bailaban al son del viento
y las estrellas eran lluvia celeste,
que hacía crecer nuestros arbóreos sueños.
Un ave enorme
abrió sus entrañas
y parió mi cuerpo.
Nací de nuevo,
al ver de tus ojos
los enamorados destellos.
Ahí estabas:
¡oh, amor de mi vida!
La espera había valido la pena.
Y en ese momento pensé:
así como las madreperlas
fabrican algo tan hermoso
de una simple piedra,
con esmero y paciencia,
así nuestro amor nació,
de súbito, de la nada,
fue, sin causa, consecuencia.
El mejor amigo del amor
es el silencio.
Eso lo entendí
cuando tus labios
me dieron,
entre suspiros,
el primer beso,
cuando tus manos
recorrieron mi faz
y con caricias
dibujaron mi deseo.
Era el amor esa flama
por la escarlata brasa
del corazón provocada
cuyo calor
nuestra pasión, dilataba.
De mi ojos las pupilas,
nubes ennegrecidas,
precipitaron lluvia de amor.
Me hiciste llorar de éxtasis,
cuando de detalles
llenaste mis manos,
y de miel, mi alma,
recipiente que, antes de vos,
vacío siempre, se hallaba.
Dulce, tu voz,
se infiltró por mis oídos,
con ese acento tuyo
que me enloquece,
que enardece mis sentidos,
luego de darle un beso a la mía
y danzar con ella,
al ritmo de la música
instrumental y divina,
del más hermoso
de los sentimientos.
De tu mirada enamorada
manaban románticos y silentes versos,
de tu boca, almibarados besos
que la mía, mariposa sedienta,
no paraba de libar,
y en tu esencia y en tu cuerpo
se resumía el universo.
En torno nuestro,
la gente invisible
se había vuelto,
y en nuestros pechos
podíamos sentir:
el más grande milagro
por el creador hecho.
ese mes que colorea
y perfuma, la primavera,
los ríos corrían perseguidos por el tiempo.
Los árboles bailaban al son del viento
y las estrellas eran lluvia celeste,
que hacía crecer nuestros arbóreos sueños.
Un ave enorme
abrió sus entrañas
y parió mi cuerpo.
Nací de nuevo,
al ver de tus ojos
los enamorados destellos.
Ahí estabas:
¡oh, amor de mi vida!
La espera había valido la pena.
Y en ese momento pensé:
así como las madreperlas
fabrican algo tan hermoso
de una simple piedra,
con esmero y paciencia,
así nuestro amor nació,
de súbito, de la nada,
fue, sin causa, consecuencia.
El mejor amigo del amor
es el silencio.
Eso lo entendí
cuando tus labios
me dieron,
entre suspiros,
el primer beso,
cuando tus manos
recorrieron mi faz
y con caricias
dibujaron mi deseo.
Era el amor esa flama
por la escarlata brasa
del corazón provocada
cuyo calor
nuestra pasión, dilataba.
De mi ojos las pupilas,
nubes ennegrecidas,
precipitaron lluvia de amor.
Me hiciste llorar de éxtasis,
cuando de detalles
llenaste mis manos,
y de miel, mi alma,
recipiente que, antes de vos,
vacío siempre, se hallaba.
Dulce, tu voz,
se infiltró por mis oídos,
con ese acento tuyo
que me enloquece,
que enardece mis sentidos,
luego de darle un beso a la mía
y danzar con ella,
al ritmo de la música
instrumental y divina,
del más hermoso
de los sentimientos.
De tu mirada enamorada
manaban románticos y silentes versos,
de tu boca, almibarados besos
que la mía, mariposa sedienta,
no paraba de libar,
y en tu esencia y en tu cuerpo
se resumía el universo.
En torno nuestro,
la gente invisible
se había vuelto,
y en nuestros pechos
podíamos sentir:
el más grande milagro
por el creador hecho.
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