Gustavo Arroyo
Poeta asiduo al portal
Estamos aquí,
usufructuando las caricias del viento,
ardiendo en sonrisas que no necesitan pretextos,
sin más compañía que el cielo profundo y abierto.
¡Cuántas veces jugamos siendo niños,
cuántas horas consumieron tales juegos!
Sin embargo, en esta tarde de enero,
se tiñen con otros colores mis novatos sentimientos.
Tu imagen no es la misma de otros días,
no consigo extraditar los atrevidos pensamientos;
me descubro atraído por tus fueros,
la niñez agoniza sin lamentos.
Entonces, sin previo aviso,
el tiempo se cristaliza en un momento;
nuestros ojos no evaden el encuentro,
sostengo la mirada, pero me devora el miedo.
El corazón bombea con euforia,
tú asientes sin necesidad de gestos.
Te cobijas en mi abrazo y no me detengo:
¡Por vez primera entrego el alma, en forma de beso!
-G. Arroyo, 10/Feb./2011-
usufructuando las caricias del viento,
ardiendo en sonrisas que no necesitan pretextos,
sin más compañía que el cielo profundo y abierto.
¡Cuántas veces jugamos siendo niños,
cuántas horas consumieron tales juegos!
Sin embargo, en esta tarde de enero,
se tiñen con otros colores mis novatos sentimientos.
Tu imagen no es la misma de otros días,
no consigo extraditar los atrevidos pensamientos;
me descubro atraído por tus fueros,
la niñez agoniza sin lamentos.
Entonces, sin previo aviso,
el tiempo se cristaliza en un momento;
nuestros ojos no evaden el encuentro,
sostengo la mirada, pero me devora el miedo.
El corazón bombea con euforia,
tú asientes sin necesidad de gestos.
Te cobijas en mi abrazo y no me detengo:
¡Por vez primera entrego el alma, en forma de beso!
-G. Arroyo, 10/Feb./2011-