Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la simple tarde de pies mojados,
más allá de los espejos y de los senderos
mis manos desarmaron hoscamente
el puzle del amor...
La inasequible lucidez desembocó
en un halo insoportable que soslaya.
Por ventura, olí tu piel aromada
en el sombrío umbral de ventanucos
mortecinos, simulacros de la trampa,
- mero forcejeo de cosas endiabladas-
y aunque siga amando todo de ti,
sin reparo , sin solaz, mi sombra
persistirá a tientas
en esos embozados combates secretos;
en ese marco gritón de cotorras a la sombra
y en la nube, la mansa estulticia que
respira tu dolor en mi dolor de entrega.
He pretendido que detrás de los cuencos
persista el juego de esperanzas.
He pretendido amar por igual a la flor,
a la amapola y a la rosa...
El rayo sediento y obcecado beberá hasta
el hartazgo del holograma de la Luna aún
dormida,
y en el último solsticio de sonoras notas
percibiré en los sueños frecuentes del diluvio,
el presunto desconcierto de los inmensos
adioses ya pactados...
más allá de los espejos y de los senderos
mis manos desarmaron hoscamente
el puzle del amor...
La inasequible lucidez desembocó
en un halo insoportable que soslaya.
Por ventura, olí tu piel aromada
en el sombrío umbral de ventanucos
mortecinos, simulacros de la trampa,
- mero forcejeo de cosas endiabladas-
y aunque siga amando todo de ti,
sin reparo , sin solaz, mi sombra
persistirá a tientas
en esos embozados combates secretos;
en ese marco gritón de cotorras a la sombra
y en la nube, la mansa estulticia que
respira tu dolor en mi dolor de entrega.
He pretendido que detrás de los cuencos
persista el juego de esperanzas.
He pretendido amar por igual a la flor,
a la amapola y a la rosa...
El rayo sediento y obcecado beberá hasta
el hartazgo del holograma de la Luna aún
dormida,
y en el último solsticio de sonoras notas
percibiré en los sueños frecuentes del diluvio,
el presunto desconcierto de los inmensos
adioses ya pactados...
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