La ladrona de libros
Que todo fluya y que nada influya...
Allí estábamos los dos, en la puerta del supermercado y aun sigo dándole vueltas buscando el porque.
Aun que creo y seguramente no me equivoque, que esta búsqueda llega a ser sin ningún sentido y sin ninguna explicación lógica que pueda tranquilizar mis ganas de soñar contigo otra vez.
En un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos en otro lugar, recordando diría que era mi habitación pero en otra casa muy diferente a la que había dejado aquella noche; mucho más bonita, mucho más grande, mucho más... Aun así seguimos igual de unidos como si de amor se tratase. Tú me cogías por la cintura y bailábamos aquella canción que me gusta tanto (Nuvole Bianche), hablábamos de cosas sin importancia sin darnos cuenta del tiempo, nos mirábamos como nadie más sabe mirarnos por dentro y nos veíamos.
Paso un pequeño instante y ya nos estábamos besando y tú me decías que querrías repetir esto una y mil veces más, todas las que mis subconsciente me dejara. Saboreamos ese instante como nunca jamás y seguimos charlando.
Llego el momento que tanto miedo nos daba: la despedida. Oíamos las voces que nos alejaban el uno del otro y decidiste partir, marcharte por la ventana como en los viejos cuentos en los que Romeo siempre vuelve, y volviste al mismo lugar donde te había dejado por última vez y ya te echaba de menos. Poco tiempo tuvimos hasta que volvieron las mismas voces que te asustaron y partiste, esta vez sin retorno.
Espero volver a verte pronto.
Deseo volver a soñarte otra vez.
Aun que creo y seguramente no me equivoque, que esta búsqueda llega a ser sin ningún sentido y sin ninguna explicación lógica que pueda tranquilizar mis ganas de soñar contigo otra vez.
En un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos en otro lugar, recordando diría que era mi habitación pero en otra casa muy diferente a la que había dejado aquella noche; mucho más bonita, mucho más grande, mucho más... Aun así seguimos igual de unidos como si de amor se tratase. Tú me cogías por la cintura y bailábamos aquella canción que me gusta tanto (Nuvole Bianche), hablábamos de cosas sin importancia sin darnos cuenta del tiempo, nos mirábamos como nadie más sabe mirarnos por dentro y nos veíamos.
Paso un pequeño instante y ya nos estábamos besando y tú me decías que querrías repetir esto una y mil veces más, todas las que mis subconsciente me dejara. Saboreamos ese instante como nunca jamás y seguimos charlando.
Llego el momento que tanto miedo nos daba: la despedida. Oíamos las voces que nos alejaban el uno del otro y decidiste partir, marcharte por la ventana como en los viejos cuentos en los que Romeo siempre vuelve, y volviste al mismo lugar donde te había dejado por última vez y ya te echaba de menos. Poco tiempo tuvimos hasta que volvieron las mismas voces que te asustaron y partiste, esta vez sin retorno.
Espero volver a verte pronto.
Deseo volver a soñarte otra vez.