susoermida
Poeta recién llegado
PRIMERA CARTA
(Del poemario cartas a nadie.1980)
Hoy se me ocurre preguntarte por mi casa,
ese lugar que ocupé en la geometría de tu vientre,
cueva de mi estructura, cantera de mis canteras,
recinto, vertedero cósmico del retorno.
Esa circunstancia semillera, donde las ramas
de mi planta se hicieron tronco, leña y ahora astilla.
Fogón contigo tenido en un calor sin fecha.
Hoy se me ocurre preguntarte por mi casa.
Hoy se me ocurre preguntarte por el arquitecto
que edificó estas soledades de mi piedra.
Tu, que ocupaste las noches de hielo y fuego de mi padre.
Que abrazaste su nave y peinaste con él sus mares,
sus olas embravecidas y sus lagos de calma
como espejos de un fondo infinito.
Que fue de tu geografía el alcalde siempre elegido,
cruz sangrada y combatida, concejal de tu huerto.
Cuéntame como eran sus ojos de enjambre amoroso,
ojos de hielo y acero hecho miel y sonrisa ante ti.
Háblame de sus heridas y de sus látigos dolorosos,
de la noche de su tiempo, dime como era el
salto de su vida, de su cuartel abierto y combatido.
Tu, que respiraste su aliento fecundo y cansado,
que sentiste su viento, el fuelle de su vida en tus mejillas.
Que en sus manos alfareras manipulaste el barro
de sus cantaros y apagaste su sed y la tuya.
Cuéntame como eran las montañas de sus manos.
Que surcos de nave, que trazos temporales tenía.
Como eran sus valles, sus ríos, como era su
terciopelo crecido en la caricia.
Háblame de la selva, de su alma del vidrio
transparente que forraba su corazón.
Háblame, háblame hasta que los cráteres del tiempo
lancen sus cenizas y su fuego a mis ojos.
Hasta que mi boca quede ocupada de su substancia.
Háblame madre, que no tengo tierra que levantar
y desamortajarlo y mis herramientas me clavan a diario.
Háblame de la fuente y del río que heredé.
Dime el color de su fondo, de su océano.
Yo no sé el mío y mis matemáticas no se resuelven.
(Del poemario cartas a nadie.1980)
Hoy se me ocurre preguntarte por mi casa,
ese lugar que ocupé en la geometría de tu vientre,
cueva de mi estructura, cantera de mis canteras,
recinto, vertedero cósmico del retorno.
Esa circunstancia semillera, donde las ramas
de mi planta se hicieron tronco, leña y ahora astilla.
Fogón contigo tenido en un calor sin fecha.
Hoy se me ocurre preguntarte por mi casa.
Hoy se me ocurre preguntarte por el arquitecto
que edificó estas soledades de mi piedra.
Tu, que ocupaste las noches de hielo y fuego de mi padre.
Que abrazaste su nave y peinaste con él sus mares,
sus olas embravecidas y sus lagos de calma
como espejos de un fondo infinito.
Que fue de tu geografía el alcalde siempre elegido,
cruz sangrada y combatida, concejal de tu huerto.
Cuéntame como eran sus ojos de enjambre amoroso,
ojos de hielo y acero hecho miel y sonrisa ante ti.
Háblame de sus heridas y de sus látigos dolorosos,
de la noche de su tiempo, dime como era el
salto de su vida, de su cuartel abierto y combatido.
Tu, que respiraste su aliento fecundo y cansado,
que sentiste su viento, el fuelle de su vida en tus mejillas.
Que en sus manos alfareras manipulaste el barro
de sus cantaros y apagaste su sed y la tuya.
Cuéntame como eran las montañas de sus manos.
Que surcos de nave, que trazos temporales tenía.
Como eran sus valles, sus ríos, como era su
terciopelo crecido en la caricia.
Háblame de la selva, de su alma del vidrio
transparente que forraba su corazón.
Háblame, háblame hasta que los cráteres del tiempo
lancen sus cenizas y su fuego a mis ojos.
Hasta que mi boca quede ocupada de su substancia.
Háblame madre, que no tengo tierra que levantar
y desamortajarlo y mis herramientas me clavan a diario.
Háblame de la fuente y del río que heredé.
Dime el color de su fondo, de su océano.
Yo no sé el mío y mis matemáticas no se resuelven.