Raamses
Poeta asiduo al portal
El hechizo en sus labios
desbordo una historia sin fin sobre mí,
y colocando mi lívido en su pedestal
descarrié la furia de golpearla con una caricia.
Presenciar el atardecer porque se separan dos montañas
es el milagro ante un poeta con una pluma ardiente,
de entonar versos que le arranquen lágrimas a una niña
cuando más se divierte con el llanto.
La paciencia de la paciencia es mala consejera,
al momento preciso le importa poco las excusas
todas esas promesas que confabulan junto con el cuerpo,
cuyas feromonas les incomoda la ropa incluso en invierno
y con la habitación ardiendo los consuelos concluyen el acto
acto sexual que triunfa en triunfar en solitario.
Besando tus caderas comprendí lo que sientes
la revelación del fuego avivando cuando me detengo,
saboreando tu aroma te arranque un pedazo para quedármelo
y creí trastocando tus horizontes apoderarme del corazón.
A mi poca fortuna no le puedo pedir proezas
ignora cuando te arrodillas y disipas la ansiedad,
luego asciendes con tus pupilas dilatadas
y tus labios se mueven solos, te he hecho hablar
en contra y a favor de nuestra voluntad.
La adicción en las paredes está saldada,
desterrado fue el suspenso en ésta cama,
soy feliz, te he hecho delirar al tú pedírmelo por favor
gritas tu lujuria de amor siempre más rápido
pero tus susurros en alta voz no rasgan el aire
¿estaré sordo de placer?
Al introducirte mi lengua en tu boca te reconocí
una lluvia de mariposas posándose en tu ombligo,
del sentir que no se puede más y continuar
según yo, los arcoíris desvistiéndote en mi noche estrellada.
Al romper el día ¿cuan dentro estuve en ti?
la respuesta no la halle en nuestro nido,
siempre vuelves por lo que no se te negará
y nunca pides lo que te pudiera regalar.
Encima de ti te he conquistado
dichoso de que cumples mis órdenes,
y soy el mejor perdedor inocente
de un juego más simple de lo que imagine.
Mordiscos, mordiscos, mordiscos cuando quisieras,
en un sentido primitivo en mí llevas oro,
pudiendo yo, queriendo yo más que lo usual
a cualquiera la habría hecho levitar igual
pero a ti quería llevarte entre mis brazos.
desbordo una historia sin fin sobre mí,
y colocando mi lívido en su pedestal
descarrié la furia de golpearla con una caricia.
Presenciar el atardecer porque se separan dos montañas
es el milagro ante un poeta con una pluma ardiente,
de entonar versos que le arranquen lágrimas a una niña
cuando más se divierte con el llanto.
La paciencia de la paciencia es mala consejera,
al momento preciso le importa poco las excusas
todas esas promesas que confabulan junto con el cuerpo,
cuyas feromonas les incomoda la ropa incluso en invierno
y con la habitación ardiendo los consuelos concluyen el acto
acto sexual que triunfa en triunfar en solitario.
Besando tus caderas comprendí lo que sientes
la revelación del fuego avivando cuando me detengo,
saboreando tu aroma te arranque un pedazo para quedármelo
y creí trastocando tus horizontes apoderarme del corazón.
A mi poca fortuna no le puedo pedir proezas
ignora cuando te arrodillas y disipas la ansiedad,
luego asciendes con tus pupilas dilatadas
y tus labios se mueven solos, te he hecho hablar
en contra y a favor de nuestra voluntad.
La adicción en las paredes está saldada,
desterrado fue el suspenso en ésta cama,
soy feliz, te he hecho delirar al tú pedírmelo por favor
gritas tu lujuria de amor siempre más rápido
pero tus susurros en alta voz no rasgan el aire
¿estaré sordo de placer?
Al introducirte mi lengua en tu boca te reconocí
una lluvia de mariposas posándose en tu ombligo,
del sentir que no se puede más y continuar
según yo, los arcoíris desvistiéndote en mi noche estrellada.
Al romper el día ¿cuan dentro estuve en ti?
la respuesta no la halle en nuestro nido,
siempre vuelves por lo que no se te negará
y nunca pides lo que te pudiera regalar.
Encima de ti te he conquistado
dichoso de que cumples mis órdenes,
y soy el mejor perdedor inocente
de un juego más simple de lo que imagine.
Mordiscos, mordiscos, mordiscos cuando quisieras,
en un sentido primitivo en mí llevas oro,
pudiendo yo, queriendo yo más que lo usual
a cualquiera la habría hecho levitar igual
pero a ti quería llevarte entre mis brazos.
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