Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Me he vuelto peligroso
con esta soledad aterradora,
instintivo, primitivo,
una pesadilla constante
que ronda ponzoñosa
y converge en ira,
necrófilo de corazones
empapados con esta mampara
de ojos cautelares,
locura incandescente
que abarca la impunidad
con que vive Gabriel
y sus hermanos desterrados:
soy un arcángel
exiliado del exilio
con cierta promiscuidad
de palabras enfermizas,
de preguntas insalubres,
eyaculador de prejuicios
contra la ira constante
que amenaza y no castiga,
la divina ira deportada
bajo las papilas gustativas
de la venganza contra el prójimo,
alter ego de un pasado roto,
clonación de fibra
engrasada con la nomenclatura del odio.
Tengo la razón dividida
entre dos infiernos,
un cadáver
y doce cuartetos semanales
de desvelo y luto,
dividido como un vientre
al antojo de esta cesárea
para arrancar mi nonato
sentido de la decencia;
acuartelado en una frontera
en llamas, oculto como un duende,
hambriento como un gnomo,
soy la ramera de los años
y me prostituyo
con esta demencia impertinente
que secreto temeroso
por la herida
con que voy envejeciendo
a la diestra de dos padres
todopoderosos
con esta soledad aterradora,
instintivo, primitivo,
una pesadilla constante
que ronda ponzoñosa
y converge en ira,
necrófilo de corazones
empapados con esta mampara
de ojos cautelares,
locura incandescente
que abarca la impunidad
con que vive Gabriel
y sus hermanos desterrados:
soy un arcángel
exiliado del exilio
con cierta promiscuidad
de palabras enfermizas,
de preguntas insalubres,
eyaculador de prejuicios
contra la ira constante
que amenaza y no castiga,
la divina ira deportada
bajo las papilas gustativas
de la venganza contra el prójimo,
alter ego de un pasado roto,
clonación de fibra
engrasada con la nomenclatura del odio.
Tengo la razón dividida
entre dos infiernos,
un cadáver
y doce cuartetos semanales
de desvelo y luto,
dividido como un vientre
al antojo de esta cesárea
para arrancar mi nonato
sentido de la decencia;
acuartelado en una frontera
en llamas, oculto como un duende,
hambriento como un gnomo,
soy la ramera de los años
y me prostituyo
con esta demencia impertinente
que secreto temeroso
por la herida
con que voy envejeciendo
a la diestra de dos padres
todopoderosos