Anthony White
Poeta recién llegado
Y ahora me encuentro vacío,
ahogando recuerdos
frente a una barra mundana
de un bar que me ha acogido
como una buena madre temprana.
Asido a tu aroma
aún me siento querido
y, desnudado de miedos,
me rodeo de silencios
que me acunan siempre
entre sus brazos tersos,
entre sus besos mudos
que adornan todo
de risas y excesos.
Los espejos me acercan tus reflejos,
tu mirada quieta
y los mechones de tu pelo
que se enredaban prestos
a los influjos
de nuestros deseos.
Y tú, siempre tú,
la princesa de mi cuento,
la que se engalanaba siempre
de sonrisas y lamentos
que me embriagaban
los contornos del alma
y la cicatrices del cuerpo.
Y yo, sólo yo,
el admirador tímido
que nunca se acercaba
a las lágrimas de su estrella,
que te besa sin besar,
que te acaricia y que te aferra
a un sueño
que nunca llegarás a soñar.
Antonio Blanco.
ahogando recuerdos
frente a una barra mundana
de un bar que me ha acogido
como una buena madre temprana.
Asido a tu aroma
aún me siento querido
y, desnudado de miedos,
me rodeo de silencios
que me acunan siempre
entre sus brazos tersos,
entre sus besos mudos
que adornan todo
de risas y excesos.
Los espejos me acercan tus reflejos,
tu mirada quieta
y los mechones de tu pelo
que se enredaban prestos
a los influjos
de nuestros deseos.
Y tú, siempre tú,
la princesa de mi cuento,
la que se engalanaba siempre
de sonrisas y lamentos
que me embriagaban
los contornos del alma
y la cicatrices del cuerpo.
Y yo, sólo yo,
el admirador tímido
que nunca se acercaba
a las lágrimas de su estrella,
que te besa sin besar,
que te acaricia y que te aferra
a un sueño
que nunca llegarás a soñar.
Antonio Blanco.