Prisionera en ti

pequeña anie

Poeta que considera el portal su segunda casa
En tus ojos se inició mi condena
ellos fueron jueces para mi pena,
despertó con su mirada justiciera
a la temerosa niña que amó ciega.

En tus labios llenos de curiosidad
el disfraz se rompió sin lealtad,
fueron tus besos interrogantes
los que me atraparon delirantes.

En tus brazos la inocencia
lloró
por delitos de amor infringidos,
se hizo evidente el precio que pagó
por ser leal silenciaba mis latidos.

Al conquistar tu cuerpo me perdí
estremeciéndome ante la ternura,

al alma abrigó el calor que recibí
bajo el sudor de la piel sin censura.

Aquella noche te invité a perderte
a mi ritmo en la noche traicionera,
te afrecí beber en mi piel herida
y fui la que terminó perdida.

Tú, me hiciste ver en el espejo
a los fantasmas de mi reflejo,
pude reconocer a la mendiga
que por amor a llorar se castiga.

Se dió inicio al juicio sin dudas
todo indicaba a ser condenado,
llegaste a hacer justicia sin saber
que tu amor me llenaría de poder.

Fui traicionada y liberada a la vez
y de lo infame me dejaron salir,
al intentar ponerme de pie, te vi
y tomando tu mano el miedo perdí.

Prisionera en ti, no me pierdo,
condenada a ti, no me castigo,
amándote, a mi amor no traiciono
y entregándome no me abandono.











 
Última edición:
En tus ojos se inició mi condena
ellos fueron jueces para mi pena,
despertó con su mirada justiciera
a la temerosa niña que amó ciega.

En tus labios llenos de curiosidad
el disfraz se rompió sin lealtad,
fueron tus besos interrogantes
los que me atraparon delirantes.

En tus brazos la inocencia
lloró
por delitos de amor infringidos,
se hizo evidente el precio que pagó
por ser leal silenciaba mis latidos.

Al conquistar tu cuerpo me perdí
estremeciéndome ante la ternura,

al alma abrigó el calor que recibí
bajo el sudor de la piel sin censura.

Aquella noche te invité a perderte
a mi ritmo en la noche traicionera,
te afrecí beber en mi piel herida
y fui la que terminó perdida.

Tú, me hiciste ver en el espejo
a los fantasmas de mi reflejo,
pude reconocer a la mendiga
que por amor a llorar se castiga.

Se dió inicio al juicio sin dudas
todo indicaba a ser condenado,
llegaste a hacer justicia sin saber
que tu amor me llenaría de poder.

Fui traicionada y liberada a la vez
y de lo infame me dejaron salir,
al intentar ponerme de pie, te vi
y tomando tu mano el miedo perdí.

Prisionera en ti, no me pierdo,
condenada a ti, no me castigo,
amándote, a mi amor no traiciono
y entregándome no me abandono.











La ultima estrofa es síntesis de todo el latido que habita en el poema.
Grato de leer
Saludos
 
En otras, palabras, vos encontrastes una complementación incondicional; arrullo en unos brazos...
que realmente te sostienen y te quieren. Al fin volvió tu profundo romanticismo a florecer.
Ya te dije que te extrañaba mucho ?
Afectuosamente, tu amigo:
Mi gran amigo muchas veces nos aferramos a un hierro candente temiendo a donde caer cuando realmente soltarnos nos daría la paz y el alivio al llanto, muchas gracias por leerme siempre, por tus palabras y por extrañarme, disculpa que no te lo haya agradecido antes...un abrazo
 
Anie,
a diferencia de mis versos de ensueño,
tus versos son reales, como un caminar por la mar,
un baile sensual al bello compas de tu imaginación.

Eres encantadora,
la escultora más divina de
su propia poesía y que se queda en el alma.

Abrazos,
Fidel Guerra.
 

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