Khande Canes
Poeta recién llegado
He observado a las constelaciones
deshacerse atrapadas por las redes
lumínicas de mi mano gangrenada
y a las flores marchitas de mi pecho
evaporarse entre las hojas caducas del cielo.
Un óbolo perdido entre las nieblas heladas.
El uróboros me mira, flotando ante mis ojos,
recitando el mensaje existencial de
los robles poéticos que,
inmutables, permanecen conviviendo
con sus poemas melancólicos.
Ha nacido la tragedia en el ocaso difuminado
de los muros de más de dos mil metros de la Tierra
- y yo los he saltado -
buscando entre sus grietas la respuesta
escurridiza a los misterios órficos.
Se burlan los océanos profundos.
La hora de su conquista se acerca
y morirán sueños y esperanzas
sin derramar apenas sangre.
¿Qué mente es digna de perdurar
cuando se han corrompido todos los espíritus?
Caerán los templos rocosos
y nacerán de las cenizas del fuego gris,
las ruinas agonizantes de la existencia.
Veo morir a los mártires errabundos que abrazan,
malditos, las calles sucias de sus propias vísceras
mientras fuman en loto
el hachís de los Jardines de Babilonia.
deshacerse atrapadas por las redes
lumínicas de mi mano gangrenada
y a las flores marchitas de mi pecho
evaporarse entre las hojas caducas del cielo.
Un óbolo perdido entre las nieblas heladas.
El uróboros me mira, flotando ante mis ojos,
recitando el mensaje existencial de
los robles poéticos que,
inmutables, permanecen conviviendo
con sus poemas melancólicos.
Ha nacido la tragedia en el ocaso difuminado
de los muros de más de dos mil metros de la Tierra
- y yo los he saltado -
buscando entre sus grietas la respuesta
escurridiza a los misterios órficos.
Se burlan los océanos profundos.
La hora de su conquista se acerca
y morirán sueños y esperanzas
sin derramar apenas sangre.
¿Qué mente es digna de perdurar
cuando se han corrompido todos los espíritus?
Caerán los templos rocosos
y nacerán de las cenizas del fuego gris,
las ruinas agonizantes de la existencia.
Veo morir a los mártires errabundos que abrazan,
malditos, las calles sucias de sus propias vísceras
mientras fuman en loto
el hachís de los Jardines de Babilonia.
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